El 5 de febrero, la iglesia católica celebra el día de santa Águeda, virgen y mártir, que vivió en Catania, ciudad de Sicilia, nacida a principios del siglo III, en una familia cristiana adinerada y noble. A los 15 años expresó su deseo de vivir una vida consagrada a Dios, mantuvo su cuerpo limpio y sus ideales firmes en el martirio, dando testimonio de fe por Jesucristo.
Su devoción queda certificada por el hecho de ser una de las siete vírgenes mártires enumeradas en el Canon Romano (Plegaria Eucarística I del Misal actual).
Historia
Entre los años 250 y 253 d.C., el emperador romano Decio ordenó la persecución de todos los cristianos, obligando a todos los ciudadanos a ofrecer sacrificios a los dioses romanos. Es cuando Quintianus decidió que si arrestaba a Ágata y la amenazaba con torturarla y matarla, ella renunciaría a su fe católica y aceptaría su oferta de matrimonio, pero Águeda lo rechazó porque ya había comprometido su vida a Cristo ofreciéndole su virginidad.
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Quintianus molesto con la negativa de la hermosa joven, quiso convencerla entregándola a Frodisia y a sus cinco hijas quienes, siendo de vida libertina, según él, conseguirían que la joven tuviera un rápido cambio de opinión. Contra todo deseo carnal, transcurrido un mes, Águeda es enviada de nuevo frente al mandatario, lo enfrentó con valentía negándose una vez más, conserva su virginidad, permanece en paz y se mantiene alegre por la oportunidad de sufrir por Cristo.
El hombre enfurecido por no lograr su objetivo y al observar la tenacidad de la mujer, la condena a tortura, ordena que le corten los senos y la encierra sin permitir que tuviera atención medica y sin comer ni beber nada. Donde la respuesta de la Santa fue «cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste? «.
Cuentan que estando en la prisión se le presentó San Pedro en figura de un viejo guiado por un joven que portaba una antorcha: “el viejo portaba unos ungüentos con intención de sanar a la joven, pero ante la negativa de ésta que prefería la mortificación y el dolor, San Pedro la abandona tras descubrirle su verdadera identidad y confortarla”.
Últimos pasos
Quintianus la mando a esparcir por el suelo brasas y pedazos de teja para restregar por ellos el cuerpo de la Santa. Cuentan que después de esta acción, sacudió a Catania un gran terremoto que produjo la muerte entre la de otros muchos, de Vulperio y Teófilo, amigos personales de Quintianus, asegurando los locales que dicha catástrofe ocurrió como respuesta del Señor.

La multitud se congregó entonces frente al palacio pidiendo la liberación de Águeda, pero el senador negado la devolvió a la cárcel, donde murió el 5 de febrero de 252, siendo papa San Cornelio. Se dice que la Santa lanzó un gran grito de alegría al fallecer, dando gracias a Dios.
Para el año 313 se quiso trasladar su cuerpo, que exhumaron, y con sorpresa lo encontraron incorrupto, el cual fue trasladado solemnemente a un templo como gran tesoro conocido actualmente como “Sant’ Agata la Vetere”, mismo que hasta el año de 1040 la envió a Constantinopla como regalo al emperador, tanto el cuerpo de Santa Águeda como de Santa Lucía. Ahí permanecieron por 86 años.
Santa Agueda es patrona de enfermeras, mujeres, víctimas de violación y protectora contra desastres naturales. Históricamente, se le invoca para proteger casas del fuego.
Oración:
Santa Águeda, ofreciste tu vida a Cristo y a tu divino Esposo, y fuiste fiel hasta tu último aliento. Ruega por mí, para que aprenda del testimonio de tu vida a ser sincero en mi fidelidad a la voluntad de Dios y a ser consagrado a Él por encima de todos los temores y males terrenales, confiando en Él hasta el final. Santa Águeda, ruega por mí. Jesús, en Ti confío.
Leonela Colmenares–Pasante UBA


