La cuaresma es uno de los tiempos con mayor intensidad dentro del año litúrgico. Son 40 días de preparación a la Pascua, donde el cristiano transita por momentos estrictos a nivel espiritual. El fin de la cuaresma es llegar preparados a la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Así define el presbítero Benito Cárdenas, vicario de la parroquia San Juan Bautista de La Ermita, en la ciudad de San Cristóbal, el tiempo litúrgico que comienza el miércoles de ceniza y culmina el Jueves Santo por la tarde, para dar paso al Triduo Pascual, donde el pueblo de Dios rememora la entrega de Cristo por la salvación del mundo y su triunfo sobre el pecado y la muerte.
El sacerdote explica que, históricamente este tiempo resultó de la evolución del camino catecumenal, es decir, el que seguían los adultos para convertirse y recibir el bautismo. Por ello, este sacramento, junto con el de la reconciliación son distintivos en la designación de la cuaresma.
“Antes de la confesión, se hablaba de la penitencia canónica, un proceso durante el cual las personas eran marcadas con una ceniza y debían permanecer separados de su entorno cuando buscaban la reconciliación. Era un camino de conversión, y esa es la invitación que permanece hasta nuestros días”, señala el Padre Benito.
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Acota que, a partir del siglo IV, como parte de los frutos del Concilio de Nicea (325 d.C), la Iglesia instituyó un lapso de 40 días, llamado Quadragesima (cuaresma), recordando el significado de dos hechos de las Sagradas Escrituras, como fueron: el paso de Israel por el desierto en busca de la tierra prometida y el ayuno de Jesucristo.
“Al inicio del cristianismo, los penitentes que eran marcados con las cenizas, comprendían que debían comenzar un tiempo de reflexión y conversión. A nosotros en este tiempo, también la cuaresma nos invita a volver la mirada a Dios y acercarnos Él”, expresó el Padre Benito Cárdenas.
Pilares
Las acciones fundamentales de este tiempo litúrgico son el ayuno, la oración y la limosna. La práctica meditada y sincera de ellas ayudan a consolidar y hacer tangible el propósito de conversión.
El vicario de la parroquia San Juan Bautista señala que el sentido de la cuaresma hoy día no es diferente al de los primeros años del cristianismo, pues el objetivo es prepararse para la Pascua del Señor: “¿Cómo debo vivirla? No buscando hacer show, sino preparar mi corazón a actualizar el misterio de Cristo, que es el mismo desde siempre”.
Según el Código de Derecho Canónico (numeral 1249), “Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia (…) cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia (…)”
El ayuno “obliga a hacer una sola comida durante el día, pero no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche, ateniéndose, en lo que respecta a la calidad y cantidad, a las costumbres locales aprobadas.” (Constitución Apostólica Paenitemini). Por otra parte, “La ley de la abstinencia prohíbe el uso de carnes, pero no el uso de huevos, lacticinios y cualquier condimento a base de grasa de animales”.
Esta misma Constitución Apostólica del Papa Pablo VI y el Código de Derecho Canónico (1252) establecen que “La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años (…)”.
Así mismo, el numeral 1253 del Código de Derecho Canónico acota que, “La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad”.
El sacerdote explicó que a partir de esta norma se entiende que la práctica del ayuno es la que se refiere puntualmente a la cantidad de los alimentos, mientras que la abstinencia es el limitarse de algo (en aquel momento la carne era lo más costoso), una forma de autocontrol o sacrificio que se experimenta corporalmente.
En los últimos años, se han expresado otras formas de abstinencia que ayudan a vivir el tiempo de cuaresma, por ejemplo, cuando se habla de abstenerse del uso del celular o de otro pasatiempo. Eso debe llevar al creyente a ofrecer esos momentos a Dios.
¿Cómo vivirla?
A manera de conclusión, el presbítero Benito Cárdenas señaló que el tiempo de cuaresma invita a procurar una conversión, un verdadero cambio de vida que perdure y que no se limite solo a la Semana Santa.
“Si nos acercamos a la Iglesia solamente en Semana Santa es como si esto fuera un tiempo de superstición. Así, perdemos el tiempo, pues el sentido es hacer un verdadero cambio de vida, asistiendo regularmente a la Eucaristía”, agregó.
Ana Leticia Zambrano—


