Antes del inicio de la cuaresma, la celebración antiquísima de la festividad del carnaval, cuya característica pagana tenía como premisas, honrar la fertilidad y anunciar el cambio de estación, servía además para ocultar el desenfreno que se daba con el canje de roles y se disimulaba con la utilización de máscaras para evitar ser reconocido.
Sin embargo, sus orígenes derivan en otras necesidades y peticiones. La historia registra que la celebración que conocemos en la actualidad se remonta a 5.000 años atrás, donde las comunidades sumerias y egipcias realizaban festines como un rito de protección. Los sumerios para expulsar a los malos espíritus de las cosechas con una gran fiesta. Entre tanto los egipcios consagraban estos días a Apis, el Dios asociado a la fertilidad.
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Este tipo de accionar se fue desarrollando con el tiempo, hasta forjar una continuidad donde distintas civilizaciones fueron aportando como parte de un desarrollo que motorizaba el por qué y para qué de esta celebración.
Ya con la presencia del imperio romano y el nacimiento del cristianismo, el carnaval tomó un matiz derivado de las mixturas culturales, de allí que la celebración posee raíces cristianas mezcladas con las paganas. La aseveración se refleja en su significado carne levare que significa quitar la carne, un accionar que tiene una referencia notoria al ayuno que se practica durante la cuaresma iniciando el miércoles de Ceniza.
“El origen de las celebraciones también puede vincularse a las fiestas paganas Saturnalia y Lupercalia. La primera se celebraba en honor del dios Saturno y tenía lugar en el solsticio de invierno, en diciembre. La segunda tenía lugar en febrero, mes de las divinidades infernales y de la purificación para los romanos. Ambas fiestas duraban días y se caracterizaban por la abundancia de comida, bebida y bailes”.

Excesos y pecados
Históricamente las divergencias entre la iglesia y el carnaval han estado presentes. Desde la edad media cuando para algunos la celebración no pasaba de ser inocua, sin embargo, otras instancias señalaban que la conmemoración era una excusa recurrente para avivar el pecado.
San Agustín
Atribuía que las fiestas sin control desviaban a los fieles de la vida cristiana y por ende del encuentro con Dios.
San Juan Bosco
Tuvo una visión en la que vio a un grupo de jóvenes que se divertían en un baile de Carnaval. En su visión, el demonio se apareció disfrazado de músico y comenzó a tocar una melodía que hipnotizó a los jóvenes, llevándolos a cometer pecados y a olvidarse de Dios.
San Pio de Pietrelcina
Tuvo una visión en la que vio a un grupo de personas que se divertían en un baile de Carnaval. En su visión, el demonio se apareció disfrazado de payaso y comenzó a reírse y a burlarse de las personas, llevándolas a cometer pecados y a olvidarse de Dios.
Carnaval en Venezuela
Fueron los españoles quienes, en su proceso de expansión, insertaron en la tradición venezolana la celebración del carnaval: “Al principio, el carnaval era una fiesta exclusiva de los colonos, una celebración llena de bailes, disfraces y máscaras, donde se mezclaban influencias católicas y tradiciones paganas”.
Con el tiempo la transformación fue inminente, la adaptación a la cultura y el folclore nacional reformó el carnaval y los alimentó de la riqueza de la zona.
“Los indígenas y los africanos esclavizados también jugaron un papel importante en la evolución del carnaval en Venezuela. Ellos aportaron sus propias costumbres, ritmos, y formas de celebrar (…) lo que comenzó como una fiesta europea se convirtió en una fusión única de culturas, donde cada región del país añadió su toque especial: el calipso de El Callao y las comparsas de Carúpano, entre otros”.
En la actualidad esta celebración es la oportunidad para que todos se congreguen y disfruten a través de bailes, música, disfraces y por supuesto las reconocidas comparsas.
Carlos A. Ramírez B.


