“Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya una premonición y un testimonio de resurrección: significa no permanecer entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir. Entonces, el Triduo Pascual, que celebraremos en la culminación del camino cuaresmal, revelará toda su belleza y significado”.
Para el Papa León XIV, esto es lo que la historia y la conciencia de los cristianos nos exigen: llamar a la muerte por su nombre, llevar sus huellas como cenizas, pero dar testimonio de la resurrección. León enfatizó esto en la homilía de su primera Misa con el rito de la Ceniza como Papa, esta tarde, 18 de febrero, en la Basílica de Santa Sabina, en la colina del Aventino en Roma.
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Así inicia el Papa León el camino cuaresmal de la Iglesia. Y recuerda la poderosa profecía de San Pablo VI, en un rito de la Ceniza celebrado durante una audiencia general en la Basílica el 23 de febrero de 1996, sobre la autosugestión del hombre moderno y su «apología de la ceniza», en una cultura dominada por la «metafísica del absurdo y de la nada».
“Hoy podemos reconocer la profecía contenida en estas palabras y sentir en las cenizas que nos imponen el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras desintegradas por la guerra: las cenizas del derecho internacional y la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y la armonía entre los pueblos, las cenizas del pensamiento crítico y la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en cada criatura”.
El inicio en San Anselmo y la procesión
La Liturgia Estacional se inauguró en la Iglesia de San Anselmo, en el Aventino, con la oración de León XIV: «Acompaña con tu benevolencia, Padre misericordioso, los primeros pasos de nuestro camino penitencial, para que la observancia externa vaya acompañada de una profunda renovación del espíritu». A continuación, tuvo lugar la procesión penitencial hacia la Basílica de Santa Sabina, acentuada por las Letanías de los Santos. Cruzaron el umbral los monjes benedictinos de San Anselmo, los Padres Dominicos de Santa Sabina, obispos y cardenales, junto con los fieles.
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