Presencia y cuidado: estas son las dos palabras que ayudan a iluminar el sentido cristiano de la acogida, y las resaltó el Papa León XIV en su discurso a los participantes en la cuarta edición de la Cátedra de la Acogida, iniciativa creada a instancias de las Hermanas de la Asociación de Voluntarios del Servicio Social Cristiano – Fraterna Domus, en Italia. Con el objetivo de promover la cultura de la solidaridad y el arte del encuentro y el diálogo, los adherentes a este proyecto se reúnen del 10 al 13 de marzo bajo el lema «Nuevas formas de acogida, comunidad, espiritualidad e identidad a partir de los jóvenes».
Durante la audiencia que les concedió este jueves 12 en el Palacio Apostólico del Vaticano, el Pontífice manifestó que «estas jornadas están animadas por la conciencia de que la vocación cristiana está orientada a generar comunión entre las personas, y la comunión nace de la capacidad de acoger a los demás, ofreciendo escucha, hospitalidad y asistencia. Una posible etimología de la palabra “acoger” centro de toda su actividad se remonta al latín accipere, que significa “recibir”, “tomar consigo”.
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León XIV puntualizó que en el centro de toda auténtica acogida hay una relación que nace de la gracia de un encuentro:
“Experimentamos muchos tipos de encuentro y, por tanto, de acogida: el encuentro con las personas que nos aman, con los familiares, con los colegas, e incluso con personas desconocidas, a veces hostiles. Cuando un encuentro es verdadero, desde una experiencia personal puede transformarse y, progresivamente, llegar a involucrar a otros, dando vida a una experiencia comunitaria.”
«Precisamente en esta dinámica del encuentro -observó el Pontífice- se inserta su decisión de dedicar la cuarta edición de la “Cátedra” a los jóvenes». También aseguró que en un tiempo marcado por profundas transformaciones culturales y sociales, los jóvenes, «que naturalmente son el futuro de la sociedad y de la Iglesia, en realidad ya constituyen su presente vivo y generador». En este sentido, según el Santo Padre, sus preguntas e inquietudes invitan a «renovar el estilo de nuestras relaciones».
“Acoger a los jóvenes significa, ante todo, ponerse a la escucha de sus voces, cruzar sus miradas y reconocer que, en sus existencias y en sus lenguajes, el Espíritu sigue obrando y sugiriéndonos caminos renovados de presencia y cuidado.”
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