La Iglesia universal avanza en el camino cuaresmal y se acerca a la celebración
del Triduo Pascual, la memoria de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro
Señor Jesucristo. En este trayecto tiene lugar la Misa Crismal, celebración que se
caracteriza por el encuentro del obispo con su presbiterio y el santo pueblo de
Dios.
En la diócesis de San Cristóbal, se realizará el sábado 28 de marzo a las diez de
la mañana en la iglesia Sagrario Catedral. Monseñor Lisandro Rivas, pastor
diocesano destacó la importancia de esta eucaristía, pues en ella se hace la
renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los aceites que van a
ser utilizados para la santificación de los fieles en los sacramentos.
“Queremos que el Pueblo de Dios que peregrina en el Táchira acompañe a sus
sacerdotes en nuestra iglesia madre, la catedral de San Cristóbal donde podamos
juntos, como familia diocesana, celebrar este evento extraordinario que marca
siempre un hito importante en la vida de nuestra Iglesia”, expresó.
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En este día el pastor de la Diócesis se reúne con sus sacerdotes para renovar su
sí a la Iglesia, pronunciando de nuevo las promesas hechas el día de su
ordenación sacerdotal. De igual manera, se bendicen los aceites que serán
utilizados para la santificación del Pueblo de Dios: el santo crisma, el aceite de los
catecúmenos y el aceite para la unción de los enfermos.
Celebración
En la carta apostólica Mysterii Paschalis, dada a forma motu proprio por el papa
San Pablo VI para las normas del año litúrgico y nuevo calendario universal
(1969), menciona en el numeral 31 que “Durante la mañana del Jueves Santo, el
Obispo que concelebra la Misa con su presbiterio, bendice los óleos sagrados y
consagra el santo crisma”.
La Misa Crismal, es por tanto parte de las celebraciones de la Semana Santa. Por
motivos pastorales, en muchas diócesis se realiza unos días antes para facilitar la
participación del presbiterio, tomando en cuenta que son días de mucha actividad
litúrgica.
Renovación
El momento de la renovación de las promesas sacerdotales, contempla un rito
según el cual, el sacerdote más recientemente ordenado interroga a los obispos
sobre las promesas que han dicho en su ordenación episcopal.
Seguidamente, mientras los fieles oran en silencio por los sacerdotes, el obispo
diocesano pregunta a su presbiterio acerca de los compromisos adquiridos el día
de su ordenación.
Luego del “Si quiero” tanto de los obispos como de los sacerdotes, el celebrante
implora: “El Señor nos conserve a todos en su amor y nos conduzca a todos,
pastores y grey, a la vida eterna”.
Óleos
Luego de la renovación de las promesas sacerdotales, tiene lugar la procesión con
los santos óleos que serán bendecidos y el crisma que será consagrado. El Crisma es el aceite que, acompañado de perfumes especiales, va a ser utilizado durante todo el año para ungir a los nuevos sacerdotes, a quienes través del bautismo se incorporan en la Iglesia como hijos e hijas de Dios y a los confirmandos que reciben la plenitud del Espíritu Santo. También para consagrar altares y templos.
El ceremonial indica que, mientras el obispo ora, los sacerdotes extienden sus
manos derechas hacia el crisma “simbolizando su participación en su autoridad,
mediante la cual Cristo mismo santifica y edifica su cuerpo, la Iglesia.
Cuando el crisma es bendecido, el obispo sopla sobre el recipiente abierto que lo
contiene. Esto simboliza al Espíritu Santo, que sopló sobre la faz de las aguas
antes de la creación (Gn 1, 2b), y a Jesús resucitado, que se apareció a sus
discípulos y sopló sobre ellos diciendo: «Reciban el Espíritu Santo…» (Jn 20, 22-
23). Es el Espíritu Santo quien consagra este óleo mediante la invocación del
obispo”.

El Óleo de los Enfermos, es utilizado en el sacramento de la Unción, para implorar
fortaleza y sanación a quien lo recibe: “¿Hay alguno enfermo entre vosotros? Que
llame a los presbíteros de la Iglesia y que oren por él, ungiéndole con aceite en el
nombre del Señor. La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y a
todo aquel que haya cometido pecados le serán perdonados.” (Santiago 5:14-
15)”.
El Óleo de los Catecúmenos se utiliza para ungir el pecho y la espalda de las
personas durante el sacramento del bautismo, como signo de purificación, ayuda,
fuerza y protección.
La participación del presbiterio y los fieles en esta celebración eucarística es un
símbolo de unión y comunión con el obispo, tal como lo afirmaba San Pablo VI:
“La Misa Crismal es una de las principales expresiones de la plenitud del
sacerdocio del obispo y significa la cercanía de los sacerdotes con él”.
Ana Leticia Zambrano


