La era digital no es una promesa de futuro; es nuestra realidad presente. Como Iglesia Local de San Cristóbal, no podemos ni debemos sustraernos a ella. Estamos ante un tiempo maravilloso donde la humanidad goza de posibilidades de intercomunicación y comunión nunca antes vistas. Por ello, abordar esta realidad con un enfoque misionero es, más que una opción, una urgencia eclesial.
Encuentro
El Señor nos llama hoy a anunciar su Palabra precisamente aquí, en esta cultura digital. Es en este “aquí y ahora” donde debemos proclamar la salvación. La red se está convirtiendo en ese lugar en el que, para muchos, “vivimos, nos movemos y existimos”.
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Las redes sociales han tenido éxito porque canalizan aunque no logran satisfacer plenamente esa tendencia fundamental del ser humano a romper el aislamiento y entrar en relación con los demás.
Compromiso
Sin embargo, para la persona consagrada y el agente comunicacional pastoral, el papel en el mundo digital no puede ser el de un mero usuario pasivo. Como bien señalaba el Padre Federico Lombardi, SJ (Director de la Oficina de Prensa del Vaticano 2006-2016): “Somos nosotros los que debemos y podemos hacer que estos medios sean fuente de bendición”.
No podemos permitir que se conviertan en instrumentos de corrupción o vacío; por el contrario, si los usamos con la sabiduría del Evangelio y el apoyo de expertos, se transforman en herramientas eficaces de comunión profunda.
Modo de vida
Esta es la nueva forma de evangelización: que Cristo pueda avanzar a través de los bits y las pantallas por las calles de nuestras ciudades digitales, deteniéndose ante el umbral de cada corazón para decir de nuevo: “Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos” (Ap 3,20).
La red incide directamente en nuestra fe y en nuestro modo de vivirla. Los cambiantes estilos de comunicación influyen en cómo se conoce a la Iglesia y su mensaje. Por eso, me gusta ver a la red como un nuevo “Río Jordán” que espera por nuevos “Bautistas”; hombres y mujeres que hablen con valentía a esa multitud sedienta de la Buena Nueva.
“¡No tengáis miedo!”, nos decía San Juan Pablo II, y lo reafirmó Benedicto XVI y Francisco, ahora lo recuerda León XIV. ¡Aprovechemos esta oportunidad! Participemos y comprometámonos en este nuevo continente digital.
Debemos estar presentes activamente, con la frente en alto y el mensaje claro. En este terreno, hacer algo resulta barato; pero el costo de no hacerlo, de guardar silencio en la red, podría resultarnos muy caro para la misión.
¡Sigamos comunicando vida para una fe creída y vivida!
Pbro. Jhonny Zambrano


