La Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP) cumple 62 años, un camino ininterrumpido, y la Conferencia Episcopal Venezolana se une en júbilo para dar gracias a Dios por una de las obras más luminosas del compromiso social de nuestra Iglesia.
APEP no es solo una institución; es el testimonio vivo de una fe que se hace obra en el aserrín, en el metal, en la cocina y en cada herramienta que un joven venezolano sostiene con esperanza.
El legado de Monseñor Emilio Blaslov
Recordamos con profunda gratitud los inicios de esta travesía y la figura providencial de Monseñor Emilio Blaslov. Su corazón, inquieto por las necesidades de las clases populares, comprendió que la verdadera redención social pasa por la dignificación de la persona a través del saber práctico.
Lea también: Centro de Laicos, Familia y Juventud de la CEV convoca al I Encuentro Nacional de Asesores 2026
Su deseo incansable por mantener a los jóvenes ocupados, alejándolos del desánimo y la ociosidad, dio frutos en la creación de los Talleres-Escuelas. Monseñor Blaslov no solo enseñaba un oficio; sembraba la convicción de que cada joven es capaz de transformar su realidad con sus propias manos.
Baluartes de resistencia y progreso
Hoy, los talleres-escuelas que se extienden por toda la geografía nacional son baluartes de resistencia y progreso. En medio de los desafíos actuales, en estos 62 años de APEP, la institución no ha fallado en su intento; por el contrario, se mantiene más viva y vigente que nunca, demostrando que la educación técnica es un pilar fundamental para la reconstrucción del tejido social de Venezuela.
Desde la Conferencia Episcopal, reafirmamos nuestro compromiso de seguir proyectando y acompañando esta obra, reconociéndola como un brazo extendido de la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo del trabajo.
Vía CEV


