En nuestras entregas anteriores mapeamos el territorio y definimos nuestra misión. Sin embargo, todo navegante sabe que el mar, aunque hermoso, tiene sus riesgos.
Sal en el mar digital
En la evangelización digital, uno de los mayores peligros es el clima tóxico que a veces impera en las plataformas y medios de comunicación. Como discípulos misioneros de Jesús, estamos llamados a ser, también en internet, “sal de la tierra y luz del mundo” (Mt 5,13-16). ¿Cómo lograrlo sin perder la paz o el testimonio? Buscaré dar alguna respuesta que ilumine nuestro trabajo evangelizador.
¿Cómo relacionarnos en las redes?
Para que nuestra presencia sea constructiva y no una simple “llamarada de orgullo”, propongo estos cinco criterios de discernimiento para todo agente comunicacional:claridad de propósito: Antes de postear, pregúntate: ¿Por qué estoy en línea? ¿Con quién espero conectar? Si el fin es la gloria de Dios y el bien de la comunidad, vas por buen camino.
Lea también: Diócesis de San Cristóbal presente en Escuela de Misioneros Digitales
La regla de oro digital: Nunca hagas en línea lo que no harías en la vida real. Recuerda que nuestra actividad deja una huella digital que nunca se borra por completo. Nunca actúes bajo la ira, el orgullo o la frustración; el enviar es permanente.
Belleza, verdad y bondad: Usa un enfoque cristiano. Que tu contenido resalte la justicia y el amor. Si lo que vas a publicar no edifica, es mejor guardarlo.
Ojo crítico ante las “Fake News”: Un comunicador de la Iglesia debe ser riguroso. Revisa tus fuentes antes de compartir. No caigas en la trampa de las noticias falsas que solo generan confusión.
Tolerancia y respeto: Esencial para perseverar en la caridad, incluso ante quienes piensan distinto o nos atacan.
Nadie da lo que no tiene
Este es, quizás, el punto más importante para un sacerdote, seminarista, agente comunicacional parroquial o un religioso, o periodista católico: Si no tienes a Jesús en tu corazón, no podrás compartirlo en tu muro.
San Lucas nos recuerda que “de la plenitud del corazón habla la boca” (Lc 6,45). Si queremos llenar el mundo digital de esperanza, debemos primero llenar nuestra propia vida de oración, sacramentos y obras de caridad.
No somos “influencers” de nosotros mismos, somos testigos de Alguien más grande. La santidad es la mejor estrategia de marketing para el Reino de Dios.
Caminar en comunidad
No lances las redes solo. Es recomendable que discutas tus planes y contenidos con tu párroco, tu director espiritual o el administrador de tu grupo. El trabajo en equipo nos protege de la autorreferencialidad y nos mantiene unidos a la línea editorial y pastoral de nuestra Diócesis de San Cristóbal.
Para llevar la barca mar adentro (Cfr. Lc 5,4) en estas redes sociales, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine. Solo fortalecidos en la oración y los sacramentos podremos compartir con alegría los dones que hemos recibido.
Pbro. Jhonny A. Zambrano


