El 13 de mayo de 1917 la Santísima Virgen María se apareció a tres niños pastores en el valle de Cova de Iría, aldea de Fátima, Portugal. “Vengo del cielo”, les dijo y les pidió que rezaran el rosario. Los nombres de los niños eran Lucía, Jacinta y Francisco; ellos fueron testigos y multiplicadores del mensaje de la madre de Dios procurando la conversión de los pecadores para la salvación del mundo.
María pidió a los niños que asistieran a ese lugar los días 13 de los siguientes seis meses y durante las apariciones explicó a los pastores la necesidad de orar y ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores. Recomendó particularmente la meditación del santo rosario y les pidió que al final de cada misterio se recitara esta súplica: «Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia».
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Lucía Dos Santos, una de las videntes de Fátima, narró que en la aparición del mes de julio, la Santísima Virgen reveló a los pastores el abismo del infierno, donde van las almas de los pecadores y les comunicó el deseo del Señor de establecer la devoción a su Inmaculado Corazón.
“Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán y vendrá la paz. (…) Vengo a pedir la Consagración del mundo al Corazón de María y la Comunión de los Primeros Sábados, en desagravio y reparación por tantos pecados. (…) Pero al fin mi Inmaculado Corazón triunfará”.
Conversión y oración
Para el mes de septiembre, se había expandido la noticia de las apariciones de la Virgen en Fátima y también había mucha incredulidad sobre el acontecimiento. Al mes siguiente, el 13 de octubre, más de 70 mil personas se congregaron en Cova de Iría, en medio de una fuerte lluvia.

María se apareció a los pastorcitos y se identificó como la Virgen del Rosario. Pidió que se construyera un templo en ese lugar y les encomendó rezar el todos los días el Santo Rosario. Las narraciones de esta aparición indican que Lucía le pidió a la Madre Celestial favores para varios de los presentes, a lo que ella le respondió que algunos serían concedidos y otros no.
Años después, Sor Lucía hizo énfasis en las peticiones de María en esa última aparición: «Pero es muy importante que se enmiende y que pidan perdón por sus pecados (…) que no ofendan más a Dios que ya está muy ofendido”.
Enseguida ocurrió lo que hoy se conoce como el milagro del sol: la multitud vio como el astro se tornó como un disco de plata y comenzó girar a gran velocidad, esparciendo hacia todas partes luces de colores que se reflejaban en las nubes, en el suelo y en los rostros de los presentes. Luego el sol pareció desprenderse sobre la gente que, aterrorizada pidió perdón. La descripción del milagro indica que esto se repitió tres veces, luego de lo cual, todos los que estaban empapados por la lluvia quedaron con sus vestidos secos.

Las apariciones de la Virgen de Fátima y sus mensajes han fortalecido la convicción del acompañamiento de María en la obra redentora de Dios y su don de intercesora, que entrega su corazón inmaculado como ofrenda para la salvación.
Durante la vigilia de oración por el fin de los conflictos armados en el mundo, en octubre de 2025 el papa León XIV oró ante la imagen de Nuestra Señora de Fátima y más adelante en su reflexión invitó a contemplar las virtudes humanas de María -fe, humildad, caridad- y recordó que la auténtica devoción mariana consiste en imitarla.
“A ella, madre amorosa, dirigimos nuestra oración para que conserve en nosotros la imagen de su Hijo y, bajo su protección, vivamos como hermanos y hermanas, llegando a ser así, en un mundo desgarrado por las luchas y las discordias, artesanos de paz”, expresó el Pontífice.
Ana Leticia Zambrano


