La verdad es el fundamento que hace posible una libertad verdaderamente humana. Una libertad que no se limita a elegir, sino que puede corresponder a lo real. En un tiempo tan complejo como el que vivimos en el cual, entre otras cosas, el hombre parece preferir el relato a la verdad, a la luz que emana del pensamiento y del magisterio de Francisco y de León XIV, quiero esbozar algunas líneas que advierten la ruta del Diario Católico en la vida de un país que busca reencontrase con su identidad ciudadana, tan erosionada y extraviada.
Siempre he creído que la verdad no puede contemplarse al margen de la libertad. El Catecismo define a la libertad como la potencia arraigada en razón y voluntad para actuar o no actuar, de modo deliberado y responsable. Por ella la persona da forma a su vida, y alcanza su perfección «cuando [está] dirigida hacia Dios» y hacia la bienaventuranza.
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Esa libertad, sin embargo, no se perfecciona en el aislamiento, sino en una relación intrínseca con la verdad. En el plano bíblico-jurídico del lenguaje eclesial, la fórmula de Jesús: “la verdad os hará libres” no se interpreta como un eslogan retórico. En el marco de la doctrina católica, se formula también como advertencia clara y precisa: la libertad no puede convertirse en ilusoria ni en anarquía moral; se corrompe cuando se desprende de la verdad revelada propuesta por la Iglesia.
Esta unidad, verdad y libertad, aparece además como una necesidad salvífica. La Iglesia es por necesidad portadora de verdad, porque el evangelio es verdad realizada que ella custodia y despliega para el bien personal y eclesial de los discípulos y de todos los seres humanos.
La verdad no es una idea flotante; es un acontecimiento que salva, y por eso exige una libertad que se deje iluminar. Por ello, los medios de comunicación a través de los cuales la Iglesia edifica su perfil ductor de valores como madre y maestra, han de estar comprometidos radicalmente con este espíritu. El Diario Católico contempla su peregrinar por Venezuela con honda satisfacción, ya que, en medio de dificultades, ha cumplido con la misión de informar en la verdad.
El papa Francisco enseñó que la verdad aparece con frecuencia en el horizonte de la búsqueda. Una verdad que invita, es accesible y generosa, y que se halla por el camino del discernimiento crítico. En su discurso a estudiantes universitarios, subraya que sin verdad la vida pierde sentido, y que estudiar tiene finalidad únicamente cuando busca la verdad con mente crítica.
Si se renuncia a esa búsqueda, el conocimiento deja de servir y se convierte en instrumento de poder para dominar. León XIV retoma el nexo entre verdad y libertad desde otro ángulo. La verdad como condición de relaciones auténticas, de paz y de justicia. En un discurso a la diplomacia, afirma que cuando las palabras adoptan connotaciones ambiguas y ambivalentes, y el mundo virtual toma el control sin premisas objetivas de comunicación, se hace difícil construir relaciones auténticas.
La Iglesia y, desde ella el Diario Católico, por tanto, no puede eludir su deber de hablar la verdad sobre el hombre y el mundo, pero igualmente insiste en que la verdad no puede separarse de la caridad, que nace del cuidado por la vida y el bienestar de cada persona.
Para León XIV, decir la verdad sin caridad puede convertirse en dureza; pero callarla o diluirla puede producir injusticia y fragmentación. La verdad, afirma, no crea división, más bien permite enfrentar con mayor resolución los desafíos de nuestro tiempo.
Con estas líneas, me uno a la celebración por estos 102 años del Diario Católico al servicio de la verdad que libera y del amor que retorna al hombre a la plenitud de su dignidad. Paz y bien, a mayor gloria de Dios.
Valmore Muñoz Arteaga


