A finales del siglo IV, en la ciudad de Toscana en Italia, nace san Juan. Su pontificado se inició en el año 523, una etapa histórica caracterizada por desacuerdos y tensiones en el ámbito político y religioso que promovía desafíos dentro y fuera de la Iglesia.
“Una parte muy destacada de su vida fue la misión diplomática que emprendió hacia el rey ostrogodo Teodorico el Grande, quien desconfiaba de los cristianos que permanecían leales al emperador de Oriente y a la Iglesia de Roma. San Juan I viajó a Rávena en nombre del pueblo romano para intentar pacificar la situación y evitar represalias contra la comunidad cristiana”.
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La meta era discernir acerca de la herejía arriana, que sostenía que Cristo era un dios, pero no Dios y sumado a ello, esperar la revocatoria del edicto de Justino donde ordenaba los arrianos, incluidos los ostrogodos en Italia, que entregaran sus iglesias a los católicos.
“Cuando el papa Juan y su comitiva cruzaron el mar Adriático para regresar a Roma, desembarcaron en Rávena. Teodorico, que había oído hablar del fracaso del papa Juan en su intento de revocar el edicto, lo encarceló. Y allí murió el papa, en Rávena, quizás de la conmoción, quizás de los malos tratos. Su sangre no corrió roja como la de los mártires de antaño, pero murió, no obstante, víctima por Cristo, incapaz de satisfacer simultáneamente a dos poderosos amos seculares”.
San Juan murió en prisión el 18 de mayo de 526. Se le considera mártir porque murió defendiendo la paz y la unidad de la Iglesia, así como por su compromiso con la fe cristiana ante la adversidad. Sus restos fueron devueltos a Roma y sepultados en la nave de la Basílica Constantiniana de San Pedro.
Oración
«Oh Dios, remunerador de las almas fieles, que has consagrado este día con el martirio del papa san Juan primero, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos imitar la constancia en la fe de aquel cuyos méritos veneramos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


