En el año 951 nace en Ravena, Italia, San Romualdo, proveniente de una casta de duques que eran gobernantes de la ciudad, su vida giró en torno a la opulencia que estaba enmarcada en una época donde las buenas costumbres y el decoro eran transgredidos constantemente.
Las marcas de una sociedad corrupta y el desencuentro espiritual promovieron durante sus primeros años de vida acciones que lo arrastraban a los placeres mundanos, sin embargo, dentro de él reinaba una voz mística que lo hacía sentir remordimiento por sus actos y lo empujaba, en distintas ocasiones al encuentro del Señor.
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“La hora de Dios le llega cuando menos lo esperaba. Su padre, llamado Sergio, llevaba también una vida mundana y en cierta ocasión lanzó un duelo a uno de sus parientes y obligó al joven Romualdo a ser testigo del mismo. En el duelo vio a su padre matar a su pariente. Tanto sufrió en aquel duelo y tanto le horrorizó que decidió abandonar el mundo y entregarse de lleno a Dios en una durísima vida de penitencia”.
Ante esta dura prueba el santo se interna en la montaña donde se encontraba un monasterio benedictino, allí permaneció tres años y fue el temor del superior quien lo limitó para ordenarse monje. Una dicha que recibió posteriormente por intercesión del Arzobispo.
La vida en el monasterio se tornó incómoda con sus compañeros así que el santo se alejó y tuvola dicha de encontrarse con un monje conocido como rudo y tosco con quien se preparó para llevar una vida plena de penitencia.
“Fundó la Orden Camaldulense, que combina la vida eremítica con la cenobítica, invitando a sus hijos e hijas espirituales a vivir en comunión con Dios a través de la meditación, el ayuno y la penitencia, pero también en comunidad fraterna. Este carisma único es un testimonio vivo de que la verdadera reforma comienza en el corazón, cuando la persona se abre sin reservas al amor divino”.
A través de su convicción y una constante entrega a la oración, Dios le permitió ver el futuro, como fue el caso de su propia muerte. Con el espíritu colmado del Señor, partió a la Casa del Padre el 19 de junio de 1027.
Oración
Dios y Señor nuestro,
que con tu amor hacia los hombres
quisiste que San Romualdo anunciara
a los pueblos la riqueza insondable que es Cristo,
concédenos, por su intercesión,
crecer en el conocimiento del misterio de Cristo
y vivir siempre según las enseñanzas del Evangelio,
fructificando con toda clase de buenas obras.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Amén.
Carlos A. Ramírez B.


