El 6 de julio la Diócesis de San Cristóbal recuerda el fallecimiento del primer obispo de la Iglesia Local, monseñor Tomás Antonio Sanmiguel Díaz. Actualmente se reconoce como Siervo de Dios, primera consideración que se otorga en una causa de canonización. Sus restos mortales esperan la resurrección en el presbiterio de la iglesia Sagrario Catedral.
El capellán de Su Santidad, monseñor Luis Gilberto Santander registró la biografía del primer obispo de San Cristóbal en el texto «Historia Eclesiástica del Táchira”. Reseña que el prelado nació en Valencia estado Carabobo el 7 de marzo de 1899. Estudió la primaria en una institución oficial. Ingresó a la Escuela Episcopal y continuó en el Seminario Metropolitano de Caracas a partir de 1909, donde cursó Filosofía y Teología.
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Fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1912 por oración consecratoria de monseñor Juan Bautista Castro. La primera misión que recibió fue la de ser Prefecto del Seminario Menor de Caracas. Luego se trasladó a la isla de Trinidad, donde se desempeñó como Capellán y Profesor en el Instituto Mecenas de Puerto España.
Al regresar a Venezuela fue enviado como párroco a Turmero y más adelante a la comunidad eclesiástica de San Juan de Caracas. En ambas parroquias desarrolló un intenso trabajo pastoral, cercano con los Padres Franceses.
El 9 de junio de 1923 fue nombrado obispo de la Diócesis de San Cristóbal. Recibió la ordenación episcopal en Caracas el 21 de octubre de 1923. En su primera carta pastoral dirigida al clero y a la feligresía, presentó una catequesis sobre el Pontificado y dio a conocer una de las prioridades de su proyecto de gobierno pastoral: la creación de un Seminario Diocesano.
Llegó a San Cristóbal el 25 de noviembre de ese mismo año. Fue recibido por las autoridades civiles y los fieles que se congregaron en el parque Bolívar (actual Plaza Bolívar). Desde allí “caminó bajo palio hasta la Catedral, acompañado del general (Eustoquio) Gómez a su mano derecha. Se dice que allí comenzó una gran amistad entre ambos, que permitió suavizar los procedimientos violentos cometidos por el gobernante”.
El 8 de mayo de 1924 publicó una carta pastoral en la cual anunciaba la creación de un medio de comunicación para la Diócesis de San Cristóbal:

“En vista pues, de las consideraciones expuestas, disponemos que se funde un periódico diocesano de circulación diaria, que se denominará Diario Católico (…) un periódico que tenga por principal misión instruir al pueblo sobre muchos puntos de doctrina y estar vigilante para orientarlo cuando haya menester, informar su criterio y rectificarlo en lo que a la fe o a las buenas costumbres se refiere”. La primera edición se publicó el 14 de mayo.
El 12 de diciembre promulgó la creación del Seminario Diocesano “Santo Tomás de Aquino”. La bendición e inicio de las actividades escolares fue el 2 de febrero de 1925. Monseñor Sanmiguel había gestionado la llegada de los sacerdotes de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María, conocidos como padres Eudistas para que llevaran adelante la formación de los seminaristas.
Convocó el primer Sínodo Diocesano de acuerdo a lo previsto en el código de Derecho Canónico. En este encuentro se establecieron los Estatutos Sinodales de la Iglesia local.

Con la intención de atender debidamente las necesidades pastorales, promovió la llegada de congregaciones religiosas que apoyaron en la educación: los padres Salesianos en Táriba, los Hermanos de la Salle, las Hermanas de María Auxiliadora, las Dominicas de Santa Rosa de Lima. También recibió a los padres Agustinos y a los Dominicos para que atendieran la zona del distrito Páez del estado Apure.
Monseñor Sanmiguel tuvo la intención de dedicarse como misionero en la Vicaría del Caroní y para ello presentó su renuncia como obispo, la cual fue negada por la Santa Sede. Obediente, permaneció al frente de la Iglesia del Táchira hasta el 6 de julio de 1937, cuando fue llamado al encuentro con el Creador.
En 2011, el quinto obispo de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta presentó ante la Congregación para la causa de los santos en la Santa Sede, la postulación para el proceso de canonización.
Ana Leticia Zambrano


