Con el corazón reconfortado por el encuentro y la peregrinación del Santo Cristo del rostro sereno de La Grita, los tachirenses se preparan ahora para acompañar a la madre celestial en la advocación de Nuestra Señora de la Consolación, la flor más bella de los Andes, cuya imagen es venerada desde hace más de cuatro siglos.
Diario Católico conversó con el presbítero Jesús Duque, párroco de la Basílica Nuestra Señora de la Consolación, en Táriba, municipio Cárdenas, quien habló sobre la devoción que manifiestan los creyentes y también ofreció una reflexión oportuna sobre el abrigo de María a los venezolanos luego de los sismos ocurridos en el centro del país.
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¿Cómo viven los tachirenses a lo largo del año la devoción a Nuestra Señora de la Consolación?
“Lo primero que tenemos que decir es que la devoción a Nuestra Señora de la Consolación no se reduce a la fecha del 15 de agosto, sino que es algo que durante todo el año palpita y está arraigado en el corazón de nuestra gente. Todo el año la basílica se presenta como un punto de encuentro y también como un refugio al que acuden peregrinos de todos los rincones, cargados de intenciones de agradecimiento y también de necesidades”.

El sacerdote narró que, cada día desde que se abren las puertas de la Basílica a las 6:30 de la mañana, se observa la llegada incesante de fieles que vienen a saludar a la madre del cielo y también a postrarse ante el Santísimo Sacramento del altar.
“Hay un gesto que sobrecoge de manera especial, es ver a los peregrinos recorrer de rodillas la nave central hasta el presbiterio para pagar sus promesas. En esa entrega silenciosa se palpita una fe profunda, sencilla, sincera. Los tachirenses buscan en Nuestra Señora de la Consolación esa cercanía que solo una madre sabe ofrecer, un consuelo auténtico, una mirada que sostiene y una presencia que renueva la esperanza en la vida cotidiana”.
Consuelo de los afligidos
En estos días cuando nuestro país vive un momento de tristeza a consecuencia de los terremotos, ¿cómo entender el auxilio y la consolación de la Santísima Virgen María?
El padre Jesús Duque señala que el auxilio de la Virgen en los momentos de prueba se comprende desde su maternidad, porque María es la madre que intercede incansablemente por el pueblo venezolano, y de modo muy particular por todas aquellas familias que hoy sufren el impacto de los terremotos.

“Para explicar esa certeza, me gusta recordar la frase de una joven que escuché en una noticia. Ella decía con total confianza «yo sabía que mi madre no me iba a abandonar». En el plano espiritual esa es exactamente la seguridad que nos sostiene: María es la madre que jamás se ausenta, ella permanece a nuestro lado en la hora de la aflicción para brindarnos su ternura y bendición”.
Y continuó “como sostén divino en las circunstancias más difíciles, su consolación no borra mágicamente el dolor, pero nos asegura que no estamos solos en medio de la tempestad y del sufrimiento.
La mejor veneración
Al recordar la gran cantidad de peregrinos que cada año caminan hasta la Basílica para agradecer los favores alcanzados por la intercesión de Nuestra Señora de la Consolación, el párroco orientó sobre la esencia de la veneración a la madre de Dios.
“La mejor y más auténtica forma de venerar a la Santísima Virgen es disponiendo el corazón para responder a la voluntad de Dios. De sus labios resonará siempre la recomendación que dio a los servidores de las bodas de Caná, aquella que es fundamental: “hagan lo que les diga”, pues en esa frase se condensa todo lo que ella espera de nosotros”.
Señaló que a la par de los gestos de amor, cantos y flores, veneramos a María siendo cristianos comprometidos coherentes con la fe y defensores de la vida. “La veneración más profunda consiste en imitar su ejemplo de obediencia y entrega el plan de salvación de Dios traduciendo el amor que le profesamos en obras de caridad, fraternidad y servicio a los demás”.
Historia
En el año 1560, dos frailes Agustinos venidos de España trajeron a Táriba, desde San Cristóbal, una tabla con la imagen de Nuestra Señora de la Consolación. Entonces se construyó una ermita, donde la veneraban. Cuando los Agustinos debieron establecerse en San Cristóbal, la tablilla con la imagen fue guardada por una aborigen de los Táriba. Con el pasar de los años, la imagen se fue deteriorando, por lo que fue dejada en un depósito.
Tiempo después, unos niños tomaron la tabla para jugar. La señora de la casa donde estaba la tabla se percató de que en esa madera había estado una imagen de la Virgen y se las quitó para evitar que la dañaran. Devolvió la tabla al almacén y por la noche observaron un resplandor que provenía del depósito.
Toda la aldea notó la luz que irradiaba. En ese momento es cuando se restaura la pintura. Esto ocurrió el 15 de agosto del año 1600. Desde entonces, ese día, que coincide con la memoria litúrgica de la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma, se celebra en Táriba la fiesta de Nuestra Señora de la Consolación. Los favores y milagros son incontables y muchos están registrados en los libros históricos de la Basílica.
Ana Leticia Zambrano


