Ordenado en la Basílica Espíritu Santo de La Grita el 31 de mayo de 1975, el presbítero José Borelli Arellano Avendaño, natural de la localidad de Pueblo Hondo, municipio Jáuregui, celebró este año su 51 aniversario de vida sacerdotal, un camino que describe marcado por la alegría de atender y servir al pueblo de Dios.
Actualmente es párroco en la iglesia Transfiguración del Señor, ubicada en la parte alta de San Cristóbal. En el despacho parroquial cedió gentilmente un rato para conversar con Diario Católico sobre su ministerio. “Como le dijo Pedro al Señor: ‘Qué bien se está aquí’, así estoy yo en esta parroquia”, comenta entre risas.
Vocación
Al preguntarle sobre el origen de su vocación, recordó que su hermano mayor, monseñor Roberto Arellano (+) estaba formándose en el Seminario Santo Tomás de Aquino. Allí conoció al Padre Mauré (sacerdote eudista) quien lo invitó a ingresar. Cuenta que su papá quería que estudiaran allí. “Me daba un poco de miedo, pero ingresé. Hicimos 5to y 6to grado, luego el bachillerato. Al principio no me llamaba la atención la vida sacerdotal y pensaba que con Roberto era suficiente”.
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Su director espiritual le aconsejó que orara para discernir su vocación. Entonces la plegaria y la paciencia hicieron la obra. “Un grupo de seminaristas comenzamos a leer los documentos del Concilio Vaticano II, íbamos con frecuencia a la capilla y empezamos a entusiasmarnos por la vida sacerdotal. Cursamos filosofía y estábamos terminando la teología cuando un compañero se retiró, pero yo seguí”.
El padre Borelli narra que participó en el primer retiro de la Renovación Carismática en el Táchira. Un episodio de confusión casi lo lleva a desistir, pero su hermano, quien ya era sacerdote y formador en el seminario, siempre lo ayudó a perseverar. “Roberto fue un gran hermano, de sangre y como sacerdote”.

Ministerio
Luego de la ordenación presbiteral fue designado como formador en el Seminario Diocesano. Dio clases de Castellano y Formación Cristiana, al tiempo que ejerció como Capellán del Cuartel Bolívar por espacio de tres años.
Su primer contacto parroquial fue en la comunidad eclesiástica de La Florida. Comenta que sus padres permanecieron cerca y le animaron a seguir adelante. “Comencé a trabajar. Monseñor Fernández Feo se dio cuenta que me gustaba la construcción y a los dos años me envió a San Antonio a fundar la parroquia Sagrada Familia”.
En esta segunda parroquia estaba apenas el galpón. “Iniciamos el proyecto de la iglesia y la gente estaba muy contenta y animada. A los dos años ya teníamos el templo hecho. Estuve en esa comunidad siete años y fui capellán del hospital Samuel Darío Maldonado”.
De San Antonio fue enviado a la parroquia San Juan Bautista de Ureña, durante 11 años atendió a toda la población del municipio. “Los sacerdotes de Cúcuta me ayudaron mucho y la gente quedó muy motivada. Cuando me hicieron la despedida, el alcalde dijo, “se va de nosotros un cura que llenó de Dios el pueblo de Ureña”.

De la frontera, pasó a acompañar la vida espiritual en Coloncito. “Allí también llegué a levantar el templo, motivando a la gente hicimos una iglesia grande y bonita”. Permaneció 11 años en la parroquia.
Basílica
El padre Borelli recuerda que un 24 de diciembre, monseñor Mario Moronta lo llamó para decirle que lo necesitaba en Táriba. “Yo no lo creía”, dice. Y los siguientes 16 años fue el párroco de la morada de Nuestra Señora de la Consolación.
En esa etapa de su sacerdocio, señala dos logros importantes vinculados por supuesto, a la madre del cielo. El primero fue establecer la procesión con la imagen de Nuestra Señora desde San Cristóbal hasta Táriba, como una forma de recordar el trayecto de la efigie que llevaron los frailes Agustinos en 1651. El padre Borelli recuerda que al principio hubo un poco de resistencia a la idea, pero, con la ayuda de Dios, se logró hacer.
Otro logro importante fue la elaboración de la escultura de Nuestra Señora de la Consolación que está en el Seminario Santo Tomás de Aquino; el artista la realizó en la Basílica. “Cuando voy al Seminario me siento muy feliz de ver la escultura, porque es una acción de gracias, por esta gran obra que es el Seminario, es como mi casa, la casa de todos los que nos formamos allí”.

Al respecto, el padre Borelli recuerda que el milagro por excelencia que la Virgen ha hecho, es la sede del Seminario. “Monseñor Fernández Feo fue a la iglesia y le pidió a la Virgen por esta necesidad y cuando salió, en la puerta de la basílica había un señor que le dijo: Monseñor usted está buscando un terreno para el seminario, yo le vendo uno que está en Toiquito”.
Así llegó el año 2024. Entonces recibió otra misión en la parroquia Transfiguración del Señor, donde asegura sentirse muy bien y agradecido por la atención y colaboración de los feligreses. Ríe al decir “el más joven soy yo”. En dos años ha realizado mejoras en la zona del templo y durante la celebración de la fiesta patronal hubo mucha participación.
Momentos
Avanzando a más de cinco décadas, el sacerdote reconoce que se viven momentos de dificultad, sin embargo, la fe es el recurso por excelencia para superarlos. “Sí, se pasan dificultades, pero cuando uno tiene confianza en Dios no es tan complicado. Yo las he unido al calvario de Cristo y eso me ayuda a llevarlas con alegría”.
Apunta que la oración, la visita al Santísimo, el Santo Rosario y el consultar, al confesor, al Director Espiritual o al Obispo, son acciones clave para superarse. Asegura que también le ayuda mucho confesarse y atender confesiones.
“Yo siempre le he dicho a los sacerdotes que cuando tienen una dificultad es bueno confesar. Al escuchar a la gente, se percatan de cuanto padecen los otros y dicen “a mí no me pasa nada comparado con lo que sufre el pueblo de Dios”.
Al preguntarle sobre su mayor alegría contesta rápidamente: “Todo ha sido bonito e interesante. Para mí lo más importante ha sido atender la gente, ser atento con ellos. Eso es lo que más agradecen las personas. Para mí siempre ha sido una alegría ayudar, siempre he tenido buena voluntad y la recta intención de hacer las cosas”.
Consejo
Al reflexionar sobre el futuro del sacerdocio, el padre Borelli exhorta a los seminaristas y sacerdotes jóvenes a mantener una actitud sencilla: «Que sean sacerdotes humildes, serviciales y alegres. Que celebren la Eucaristía con dignidad, esperanza y serenidad, y que entre más estudien, más humildes sean».
Ana Leticia Zambrano


