Roberto Francisco Rómulo Belarmino nació en Monteluciano, Toscana (Italia), en el 1542, hijo de Vincenzo Belarmino y Cinzia Cervini, desde temprana edad demostró ostentar una inteligencia fuera de lo común que se reflejaba en su capacidad para recitar páginas íntegras en latín de los poemas de Virgilio y lo hacía con tal naturalidad que pareciera que realizaba una lectura.
Sus dotes también se evidenciaron en las grandes academias y las disertaciones públicas donde todos quedaban atónitos ante la capacidad de análisis y retórica que despertaba admiración. “Cuando tenía diecisiete años, el rector del colegio de los jesuitas de Montepulciano escribió sobre él en una carta: «Es el mejor de nuestros alumnos y no está lejos del Reino de los Cielos».
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Al ser sobrino del papa Marcelo II sus aspiraciones se inclinaron en principio a ocupar cargos de alto renombre, sin embargo, desde su crecimiento su mamá, una mujer piadosa le inculcó la premisa de evitar el orgullo y la vanidad, defectos que catalogaba de peligrosos para el espíritu.
En sus memorias el santo narra «De pronto, cuando más deseoso estaba de conseguir cargos honoríficos, me vino de repente a la memoria lo muy rápidamente que se pasan los honores de este mundo y la cuenta que todos vamos a tener que darle a Dios, y me propuse entrar de religioso, pero en una comunidad donde no fuera posible ser elegido obispo ni cardenal. Y esa comunidad era la de los padres jesuitas».
Pero el designio de Dios le tenía preparado otro destino y fue así que ingresó a la Universidad de Padua, donde estudió teología y después a la Universidad de Lovain donde fue ordenado sacerdote en 1569, un logro que además se sumó al convertirse en el primer maestro jesuita de esa universidad donde dejó una huella imborrable por su curso sobre la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino.
Su sapiencia y la capacidad de defensa a la Iglesia lo erigió, muy a su pesar, como cardenal y posteriormente como arzobispo. “Intervino en el proceso inquisitorial romano contra Giordano Bruno (1548-1600), que duró ocho años. Figuró en las reuniones del Santo Oficio desde la sesión del 24 de marzo de 1597. En enero de 1599 propuso la redacción de ocho proposiciones que fueron presentadas a Bruno para que abjurase. A partir del 5 de abril de 1599, Belarmino figuró en las sesiones en calidad de cardenal”.
Fue beatificado y canonizado por el papa Pío XI en 1930. Declarado doctor de la Iglesia en 1931. El 26 de abril de 1969 el papa Pablo VI creó un título cardenalicio «San Roberto Belarmino». El cardenal Jorge Mario Bergoglio era el titular de esa cátedra cardenalicia cuando fue elegido papa en 2013.
Oración
Señor, tú que dotaste a san Roberto Belarmino de santidad y sabiduría admirable para defender la fe de tu Iglesia, concede a tu pueblo, por su intercesión, la gracia de vivir con la alegría de profesar plenamente la fe verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
Carlos A. Ramírez B.


