Cosme y Damián nacieron en la en la región de Araba peninsular, España, en el año 260. Desde muy jóvenes se inclinaron por la medicina, una virtud que los distinguió y generó que innumerables personas aseguraban que realizaban sanaciones milagrosas de todo tipo de enfermedades además de aliviar dolores profusos.
“Los gemelos no cobraban por su labor, por lo que solían auxiliar a los pobres con la condición de conversar acerca de Jesucristo durante unos minutos. Creían que dar este servicio era una forma de predicar los valores de Dios, servir a la humanidad y acompañar a quienes se encontraban en situaciones de dificultad”.
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Los hermanos tenían fama de valientes y ser nobles benefactores, pues se internaban en las comunidades más necesitadas para ayudar a quienes no tenían quien respondiera por ellos. Estas acciones hicieron que sus nombres retumbaran en toda la región donde se movilizaban pues con su ejemplo y la palabra de Dios dejaban huella en los corazones de los más vulnerables.
Con la persecución promovida por Diocleciano, los hermanos fueron señalados y arrestados por llevar la palabra del Evangelio a cada lugar que visitaban. Por ser católicos fueron condenados a muerte, donde previamente fueron torturados.
“Su suplicio lo relata la Leyenda dorada, según la cual los dos hermanos primero son echados al fuego, del que salen ilesos. Después son condenados a la lapidación, pero las piedras vuelven hacia atrás. Sucesivamente, las flechas lanzadas por los arqueros hieren a los verdugos. Al final, sus captores deciden decapitarlos”.
Cosme y Damián fallecieron en el año 300. Cada 26 de septiembre se celebra a los mártires San Cosme y San Damián ambos han sido considerados habitualmente como patronos de los médicos pues su servicio no solo fue durante su transitar humano, sino que se suma que después de ser decapitados se aparecían en sueños a los enfermos que imploraban su intercesión, obteniendo el alivio en el dolor o la curación requerida.
Oración
Gloriosos Santos Cosme y Damián, con humildad y confianza de hijo devoto, me postro lleno de fe frente a ustedes para implorar su potente protección.
La piedad que han tenido frente a los que sufren me animan a pedir por la sanación de (mencionar el nombre de la persona enferma).
Sé que una palabra de ustedes puede obtener del Señor esta esperada gracia. Escuchen por favor mi súplica.
Gloria al Padre, al Hijo y Al Espíritu Santo como era en un principio, ahora y siempre. Amén.
San Damián y San Cosme, rueguen por la salud de todos nosotros
Carlos A. Ramírez B.


