A lo largo de estas 14 semanas, hemos navegado juntos por el vasto océano del continente digital. Hemos reflexionado sobre la identidad de la Iglesia en la red, hemos aprendido a gestionar crisis con caridad, a planificar con estrategia y a capturar la belleza de nuestra fe a través de un lente. Pero todo este conocimiento técnico y pastoral tiene un solo propósito: el envío.
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Como los discípulos después de la Resurrección, hoy escuchamos nuevamente la voz del Maestro que nos dice: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio” (Mc 16, 15). Ese mundo hoy incluye cada click, cada pantalla y cada red social donde un alma busca consuelo, verdad o esperanza.
Agentes de esperanza, no solo de tecnología
A ustedes, queridos agentes comunicacionales parroquiales, seminaristas, religiosos y laicos comprometidos, quiero decirles: su labor es vital. No son simples administradores de cuentas o fotógrafos de eventos; ustedes son misioneros digitales.
En una sociedad a veces saturada de ruido y toxicidad, su misión es ser portadores de la buena noticia. Su teclado es un púlpito y su creatividad es el lenguaje con el que Dios quiere hablar a los jóvenes y a las familias de nuestro Táchira.
No tengan miedo de innovar, de proponer y de usar los nuevos lenguajes, siempre y cuando mantengan su corazón anclado en la Eucaristía y en la comunión con nuestra Diócesis.
El desafío de la autenticidad
El mayor recurso que tienen no es el celular más moderno ni la mejor conexión a internet; es su propia autenticidad. El mundo digital está cansado de filtros y apariencias; lo que la gente busca es la alegría real de quien se sabe amado por Dios.
Que sus publicaciones no sean solo píxeles, sino que transmitan el calor de una comunidad que reza, que ayuda al necesitado y que camina unida bajo la guía de nuestros pastores.
La bendición del camino
Al concluir este ciclo, los invito a renovar su compromiso. No se desanimen ante el poco alcance de una publicación o ante un comentario difícil. Recuerden que en el reino de Dios, el éxito no se mide en likes, sino en la fidelidad al mensaje.
Una sola persona que se sienta movida a volver a confesarse o a visitar el Santísimo gracias a un post de ustedes, ya hace que todo el esfuerzo valga la pena.
¡Ánimo! La barca de la Iglesia cuenta con sus manos para remar en estas aguas digitales. Que María del Táchira, nuestra Virgen de la Consolación, nos enseñe a comunicar con el corazón y a ser siempre testigos de la vida.
¡Vayan y comuniquen la alegría del Resucitado!
Pbro. Jhonny A. Zambrano M.
Vicario Episcopal de Comunicación


