Fue en septiembre de 2022 cuando la gratitud del Pbro. José Lucio León y el Pbro. Jean Carlos Yepez, me permitieron volver a la redacción de Diario Católico, luego de tres años de ausencia. Volver significó un nuevo inicio, un nuevo reto, para que juntos continuáramos con el legado del siervo de Dios y fundador del rotativo, monseñor Tomás Antonio Sanmiguel.
Ahora que el Padre José Lucio culmina su ciclo al frente de este decano de la prensa, resulta imprescindible hacer una pausa en el ajetreo diario de las noticias y los titulares para mirar atrás y expresar, desde lo más profundo del corazón, la más sincera gratitud. Asumir la Jefatura de Redacción bajo su dirección ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi trayectoria profesional.
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Desde la mencionada fecha en que me confió la responsabilidad de coordinar el trabajo informativo de la sala de redacción, el Padre José Lucio se convirtió en un verdadero faro de aprendizaje. Su liderazgo nunca se ejerció con la altivez de la autoridad, sino con la templanza, la humildad y la pedagogía propia de un buen pastor.
A través de sus palabras, su consejo y su escucha, aprendí a reinterpretar la labor informativa no solo como la transmisión de hechos, sino como un auténtico apostolado de la verdad, la esperanza y el encuentro en atención a la Iglesia Local.
El Padre José Lucio supo guiar a este equipo con una visión clara como lo honrar la centenaria historia del decano de la prensa tachirense y responder a los desafíos de los nuevos tiempos digitales, sin perder jamás la esencia y los valores del Evangelio.
En medio de los desafíos por cada cobertura y los viajes tanto largos como cortos hacia el interior del estado Táchira, brindó el apoyo necesario para que evidenciáramos tanto en redes sociales como en el impreso el acontecer religioso sin perder detalles.
En nombre de la redacción que me honro en dirigir y en el mío propio, le deseo el mayor de los éxitos y las bendiciones de Dios en las nuevas misiones que la Iglesia le encomendó. No olvide su esencia, el acercamiento al pueblo santo de Dios, el que necesita ser escuchado y él que lo escucha. Dios tiene un propósito para todos.
Le digo hasta luego, al sacerdote que me escuchó por más de 4 años, el que tocó la guitarra en los 15 años de mi hija, el que brindó la unción de los enfermos a mi abuelo pocas horas antes de morir, al único que realiza la bendición de las mascotas incluyendo la mía, al que resolvió para viajar y el que me ayudo a tener serenidad.
Adiós a: “ánimo, adelante en el nombre del Señor”, “ala mirá” y “Mayerlin no me haga molestar”.
Maryerlin Villanueva
Jefe de Redacción de Diario Católico


