Querida familia de la fe, al encontrarnos ya en el tramo final de este mes de octubre, la liturgia dominical nos conduce al corazón mismo de la revelación cristiana: el mandamiento del amor.
Cuando los fariseos intentan poner a prueba a Jesús preguntándole cuál es el mandamiento principal de la ley, la respuesta del Maestro es contundente, hermosa e integradora: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”, y añade de inmediato una verdad inquebrantable: “Y tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos preceptos dependen toda la ley y los profetas.
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No se puede amar a Dios a quien no vemos si somos incapaces de amar al prójimo que camina a nuestro lado, que sufre, que necesita una palabra de aliento o un gesto de misericordia. El amor a Dios y el amor al prójimo forman una sola e indivisible moneda: de un lado está la devoción filial al Padre, y del otro, la entrega fraterna a los hombres.
En nuestra realidad actual, donde tantas veces impera la polarización, la indiferencia ante el dolor ajeno y el individualismo, este mandato del Señor resuena con una urgencia apremiante.
En estas pocas palabras se resume la esencia absoluta del cristianismo. La fe no es un conjunto de normas abstractas, ni un ritual puramente exterior, ni una teoría filosófica; es un encuentro vivo con el Dios del amor que se desborda inevitablemente hacia nuestros hermanos.
Vivir el amor al prójimo en nuestra sociedad tachirense significa tender puentes donde hay divisiones, compartir lo poco que tenemos con el necesitado, acoger al migrante, escuchar al abuelo solitario y educar a las nuevas generaciones en la cultura del encuentro y la solidaridad. El amor cristiano no calcula sacrificios; se entrega sin reservas, imitando aquel amor con el que Cristo nos amó hasta dar la vida en la cruz.
Hagamos un alto en el camino y examinemos cómo estamos viviendo este doble mandamiento. ¿Es Dios verdaderamente el centro y la prioridad de nuestras decisiones cotidianas? ¿Es nuestro prójimo alguien a quien miramos con la ternura y la compasión del Padre, o nos hemos vuelto insensibles ante sus necesidades?
Que la Virgen María, Madre del Amor, nos enseñe a abrir el corazón para acoger el amor divino y derramarlo generosamente a nuestro alrededor. Que cada uno de nosotros se convierta en un auténtico reflejo del amor de Dios en este nuevo domingo. ¡Feliz y santo día!
EVANGELIO (MT 22, 34-40)
Un doctor de la ley pone a prueba a Jesús preguntándole cuál es el mandamiento principal. La respuesta de Jesús sintetiza toda la Escritura en una sola dirección: amar a Dios con todo el ser y al prójimo como a uno mismo. Aclamemos al Evangelio de pie.
Del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.
Pbro. Jhonny Zambrano
Director de Diario Católica


