En esta quinta entrega de nuestra serie sobre la exhortación Evangelii Gaudium, nos adentramos en el llamado del papa Francisco a discernir con valentía las dinámicas y tensiones del mundo contemporáneo (EG 50-109).
Pastoral de la mirada
Frente a la tentación del retraimiento o de una religiosidad desencarnada, la parroquia se siente profundamente llamada a ejercitar la “pastoral de la mirada”. Esta actitud implica prepararse para un discernimiento evangélico de la realidad, ejercitando la grave responsabilidad de interpretar los signos de los tiempos a la luz de Cristo para dar respuestas pastorales certeras y luminosas (EG 50).
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Una comunidad parroquial con vocación misionera se mantiene siempre con los pies bien plantados en la tierra. Toma conciencia lúcida de que no vivimos simplemente una época de cambios, sino un verdadero «cambio de época», cuyas transformaciones ofrecen tanto luces y oportunidades como sombras y amenazas (EG 53).
Prioridad: La persona
Por esta razón, la parroquia rehúsa con firmeza convertirse en un “arrullo espiritual” que funcione como anestesia o dormidera social frente a los dramas de la gente (EG 54). Por el contrario, insiste en la centralidad de la persona humana como el pilar insustituible para comprender y estructurar adecuadamente toda la vida social (EG 55-56).
Desde esta fidelidad al ser humano, la parroquia se rebela con la contundencia del anuncio profético y el testimonio de sus obras contra la tiranía de la «idolatría del dinero» y la cultura del descarte (EG 57-58).
Del mismo modo, rechaza decididamente aquellos discursos culpabilizadores que pretenden hacer de los pobres, ya sean personas o pueblos enteros, los únicos responsables de su propia marginación y miseria, invisibilizando las causas estructurales que los oprimen (EG 60, 164).
Realidad mayor que la idea
Finalmente, para no perderse en debates estériles o idealizaciones teóricas, la parroquia misionera asume con convicción el principio de que “la realidad es más importante que la idea” (EG 231-233).
La comunidad se comprende a sí misma como un ámbito privilegiado para actuar desde este “principio-realidad”, huyendo de los atajos y de las soluciones de fachada. A la hora de transformar la vida comunitaria y social, no pretende suplantar la exigente “gimnasia” del compromiso perseverante por la mera “cosmética” de discursos huecos o apariencias externas (EG 231).
A través de su acción pastoral cotidiana, la parroquia debe empeñarse por dar una verdadera “encarnadura” a la salvación de Dios (EG 233), haciendo que el Evangelio toque, sane y dignifique la existencia concreta de hombres y mujeres en su historia real.
Pbro. Jhonny Zambrano
Vicario Episcopal de Comunicación


