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Anuncio de un Dios que vive en la ciudad

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Pensar la ciudad y pensar la misión nos lleva a tener memoria histórica y reflexión teológica con visión de las líneas pastorales necesarias para evangelizar la ciudad. Para ello es necesario anunciar, contemplar y reconocer. En los próximos tres artículos reflexionaré sobre estos tres verbos.

Muchos de nuestros hermanos dicen esta frase: “primeramente Dios”, que expresa el núcleo de la espiritualidad de un colectivo. Todos como Iglesia debemos dar testimonio de forma sencilla y directa del Dios revelado por Jesucristo en el Espíritu Santo. Ya Puebla nº 218 refiere que la evangelización es un llamado a la Comunión Trinitaria.

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Nuestra gente expresa siempre su fe en la providencia del padre, confesando a Cristo como su salvador y buscando la gracia santificante del Espíritu Santo en los sacramentos, expresión de esto, es signarse siempre en el nombre de la Trinidad. Otra manifestación de fe es la recitación del Credo cuyo contenido es Trinitario.

Sin embargo, es necesario suscitar, consolidar y madurar en el pueblo de Dios la fe trinitaria, presentándola como un potencial que sostiene, sana y promueve la dignidad del hombre, ya que la Trinidad es el fundamento más profundo de la dignidad de cada persona humana y la comunión entre los hermanos.

La pastoral urbana debe descubrir este deseo que existe en los hombres de Dios y presentarlo como un Dios de amor que fortalece la dignidad humana y conduce a la vida de comunión. Una imagen deformada de Dios puede contribuir a generar muchos males. Dios no es la causa del mal. Dios suscita amor y no odio. La cuestión de Dios en sí mismo incluye la afirmación de su existencia y su acción en el mundo.

Esta conciencia del primado de Dios en la vida pastoral y centralidad de Cristo en el anuncio evangelizador, nos invita a una renovación kerigmática de la pastoral ordinaria, una pastoral misionera urbana que se concentre en el kerigma, el ágape. Toda formación cristiana  inicial o permanente debe volver al anuncio cristológico y trinitario.

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La evangelización de la ciudad requiere una pastoral atravesada por el anuncio fundamental de la fe, proclamando y testimoniando a Dios amor, su amor corpóreo donado en la Cruz pascual y en su carne y sangre eucarística. Una pastoral misionera que busque llegar a todos los interlocutores que favorezca un encuentro personal con Jesucristo.

La transmisión del evangelio debe procurar tener sus códigos simbólicos en el nuevo areópago urbano. Los medios de comunicación y el encuentro personal son dos medios para que la voz, la imagen y el movimiento permitan crear un diálogo que presente a Dios, así podremos ir evangelizando la ciudad y haciendo a Dios más partícipe de la cotidianidad de la vida de muchos hermanos nuestros.

Que el Anuncio de Dios en la ciudad lleve a que muchos lo puedan contemplar en medio de la alegría del testimonio, en el sufrimiento de los descartados y excluidos y en las imágenes y símbolos de la liturgia, que permiten acercar el cielo a la tierra en medio de nuestras celebraciones dentro y fuera de los templos. Anunciemos para poder contemplar…

 Pbro. Jhonny Zambrano 

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