Las primeras celebraciones en América del nacimiento del Señor se remontan al siglo XVI. Para disponer a los fieles a recibir al Señor se ofreció, en el tiempo de adviento y la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre
“La Iglesia nos ofrece cada año una oportunidad de comenzar de nuevo. Esta temporada, que precede a la Navidad, nos anima a renovar nuestra fe en la venida del Señor, corregir nuestros errores, enmendar nuestras faltas y disponernos tanto para las continuas y sutiles venidas del Señor a nuestra vida como para su retorno glorioso al final de los tiempos”
La Junta Directiva del Árbol de Navidad para Niños Pobres se constituyó con periodistas y estudiantes del liceo Simón Bolívar a quienes se sumó la Sociedad Bolivariana de Damas
“Un elemento que debe caracterizar estás misas es despertar y ponernos en camino, preparar el corazón, escuchar la voz de Dios, para reconciliarme con los hermanos y la familia, asistir a la confesión"