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Borotá, un destino terapéutico

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En Táchira existe un pueblo poco explorado que resguarda una interesante atmósfera de relajación. A tan solo 20 kilómetros de San Cristóbal se encuentra Borotá, una localidad de montaña a la que se accede por un discreto ramal que se desprende de la carretera Panamericana en la serranía de Palo Grande.

Un bosque nublado aparece en el camino como pronóstico de exuberante vegetación y agradable clima. Poco después se divisa el pueblo, al llegar todo parece imperturbable, en sus calles impera el silencio y la calma mientras el tiempo pasa sin angustias ni prisas. Borotá, sin duda, es un destino terapéutico que sirve de refugio y sosiego para todo aquel que se anime a descubrirlo.  

Sumérgete en una atmósfera de relajación

Una escapada a Borotá significa explorar, contemplar y relajarse con la naturaleza. El pueblo se recorre fácilmente caminando a través de sus calles apacibles, seguras y limpias, las cuales ofrecen al visitante imponentes vistas panorámicas.

Uno de los atractivos más fascinantes del pueblo es la travesía de la neblina, un paso repentino de niebla poco espesa que aparece en lo alto de las colinas, desciende por las laderas y cubre casi todo el paisaje.

En el casco central se encuentra la iglesia Santa Rosalía de Palermo, patrona de Borotá, y templo principal construido en 1915 de estilo neocolonial. Los colores cálidos del frontis y su arco lateral de piedra laja crean un ambiente pintoresco y acogedor.

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El atrio de la iglesia conecta directamente con la plaza Bolívar, rodeada de frondosos árboles que transmiten frescura y sombra ante el sol de la tarde.

También hay un trompo gigante, monumento dedicado a la Vuelta al Trompo de Borotá, festividad declarada Patrimonio Histórico y Cultural por el Consejo Legislativo del estado Táchira (CLET) en virtud del 50 aniversario de esta tradición que se celebra anualmente al término de la Semana Santa.

A pocos metros del trompo, un excéntrico avión aparece en escena, se trata de un homenaje a los pilotos Medardo Chacón y Jesús García, de la Fuerza Armada de Venezuela, quienes fallecieron en un trágico accidente aéreo ocurrido en los alrededores del pueblo en 1946.

Experimenta una terapia natural

Añade una experiencia reconfortante a través de los senderos y rutas hacia diferentes aldeas y parajes naturales. Una de ellas es la ruta hacia la comunidad de San Mauricio que, a 20 minutos de caminata desde la plaza Bolívar, es tan reservada que incluso algunos locales aún no la conocen. A mitad de camino se encuentra Tío Conejo, parque forestal y punto de referencia por sus instalaciones recreativas para las familias.

Siguiendo hacia San Mauricio, encuentras a la vera del camino moras silvestres, sembradío de limones y plantas herbáceas. También se aprecian auténticos chalets campestres con huertas, árboles frutales y aves de corral. El paisaje es encantador, durante el ascenso se disfruta de la neblina y se divisa la ciudad de Michelena. Los lugareños son amables y mantienen pulcro el camino.

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Los mayores atributos de Borotá son su clima agradable y la bondad de su tierra, con 1.400 metros de altura y una temperatura templada toda semilla brota. Visitar esta localidad es una opción asequible para conectarse con la naturaleza, sentir paz y disfrutar del aire puro que ofrece este rincón andino sin alejarse demasiado de la ciudad.

El viaje en transporte público es económico, existe una ruta interurbana regular entre San Cristóbal y Borotá, el valor del pasaje es de 5.000 COP. por cada trayecto de aproximadamente 40 minutos. Respecto a la provisión de comestibles y bebidas, hay varios comercios en el pueblo y algunos cuentan con punto de venta.     

Willians Labrador 

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