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¿Conoces las cuatro C de una buena confesión?

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La confesión es la expresión de nuestros pecados a Dios a través del confesor. Ejemplo de ello es la bienvenida que da el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación (Confesión) al penitente: “El Señor esté en tus labios y en tu corazón para que, con dignidad y confianza, puedas confesar todos tus pecados”

El Catecismo de la Iglesia nos dice en el núm. 444: Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres de la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”.

¿Conoces las cuatro C de una buena confesión? La tradición en la Iglesia retoma, desde de la experiencia de los santos, estos consejos que siguen vigentes, para una buena y fructífera confesión.

Clara
Expresar al confesor cuál y cuáles son los pecados cometidos, sin omitir, disfrazar, ni justificar, sólo y de manera simple la falta a Dios y al hermano y a nosotros mismos. Como dice el dicho “las cuentas claras y el chocolate espeso”. Por vergüenza nos cuesta trabajo llamarle a las cosas por su nombre y/o que el confesor adivine lo que hicimos. La razón es que eso ayuda a que seamos ayudados a buscar el remedio y la solución, también ayuda a clarificar la gravedad del pecado; pensamos que todo es grave y puede ser leve, al revés, que pensemos que algo grave es leve. Es una ayuda a tener una conciencia clara, no escrupulosa ni temerosa ante Dios. Si somos claros con nosotros, llamando al pecado por su nombre, tendremos un corazón claro y limpio ante Dios. Preciso, debo manifestar mis pecados, no los de los demás que me rodean y con los cuales convivo.

Concisa
No se trata de hablar mucho, se trata de reconocer y dejarnos cobijar en la misericordia divina que, de antemano, ya conoce y sabe lo que hay en nuestro corazón. No por mucho hablar creamos que seremos escuchados. Cuando es conciso, es capaz de centrarse en lo importante y lo necesario, de identificar donde está el pecado y poner el remedio en donde se debe. Evitar andarnos por las ramas, pensando que al marear al confesor, ya mareamos a Dios; como dice la sabiduría de nuestros mayores “Dios todo lo ve y lo sabe”.

Contrita
Reconocimiento preciso de lo que hemos hecho mal, de las ofensas cometidas, con el dolor por nuestros pecados y el reconocer con humildad que en Dios está la auténtica liberación y necesito ser un hombre libre. Me humillo y me levanto libre de las consecuencias de mis malas acciones de las que he hecho conciencia y reconozco que debo evitar.

Completa
No debo ocultar nada por temor o vergüenza. No temer al juicio de Dios ni de los hombres; pretender engañar a Dios y al confesor, es engañarme a mí mismo e impedir que Dios, en su infinita bondad y misericordia, me permita reconciliarme plenamente con Él y la Iglesia. Si la confesión es a medias, el perdón y el cambio no puede ser a medias…

El perdón de Dios nos viene de la victoria de Cristo sobre la cruz en su pasión, muerte y resurrección; Jesús ha pagado con su sangre por nuestros pecados. Jesús, el Mesías resucitado da a sus discípulos y sucesores el poder de perdonar, en  su nombre, los pecados cometidos después del bautismo, a aquellos que arrepentidos y con propósito de enmienda se acogen a su Divina Misericordia: “Sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; a quienes se los retengan, Dios se los retendrá” (Jn 20, 22-23).

El confesor da al fiel, después de la confesión sincera de sus pecados, la absolución: «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió al mundo consigo por la muerte y la resurrección de su Hijo y envió al Espíritu Santo para el perdón de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo» Acto de Contrición

¡Señor mío, Jesucristo!

Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois.

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DC.RADIO

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