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lunes, julio 27, 2026
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Dom Ogliari: que el cónclave se abra a la libertad del Espíritu

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El Cónclave no debe ser un “lugar cerrado” (como dice el propio término), sino un “Cenáculo” abierto de par en par al mundo entero, en el que impere «la libertad del Espíritu» que “rejuvenece, purifica, crea”. Esta es la esperanza expresada por el abad benedictino de San Pablo Extramuros, Dom Donato Ogliari, que pronunció la meditación de apertura de la Sexta Congregación General este martes, en el Aula Nueva del Sínodo.

A ella asistieron los cardenales llegados a Roma en vísperas del cónclave, que comenzará el 7 de mayo y deberá elegir al sucesor del Papa Francisco. El Espíritu, deseó el abad, será “el protagonista principal” de los diálogos, de las “dinámicas, a veces dialécticas” que caracterizan “todo encuentro humano”, para que encienda las mentes e ilumine los ojos” por “el bien de la Iglesia y del mundo entero”.

Lea también: Cardenal Giovanni Becciu no entrará en el Cónclave

Abriendo su meditación, Dom Ogliari subrayó cómo, “en un momento tan cargado de consecuencias para la Iglesia”, como el de la elección del Pontífice, es necesario recomponer alma, mente y corazón en torno a la persona de Jesús: es Él, en efecto, a quien la Iglesia “está llamada a anunciar y testimoniar al mundo”. Y si “en el centro de la misión” no está Cristo, entonces la Iglesia sería sólo “una institución fría y estéril”.

De ahí la exhortación del benedictino a «reposicionarse» cada día sobre esta certeza, porque sólo así será posible evitar “ser fagocitados por los halagos del mundo y por las fáciles vías de escape que nos propone”. Que Cristo, añadió Dom Ogliari, sea el aliento, la brújula y la estrella polar del Colegio Cardenalicio.

Ser abiertos, valientes y proféticos 

Al mismo tiempo, el abad de San Pablo Extramuros, recordó la importancia de aprender de Jesús la mansedumbre y la humildad, el amor misericordioso y compasivo: una Iglesia así enraizada, de hecho, es “abierta, valiente, profética”, “aborrece las palabras y los gestos violentos», se convierte en la voz de los sin voz. Una Iglesia enraizada en Cristo, prosiguió, es “maestra de fraternidad”, marcada por el respeto, el diálogo, la “cultura del encuentro y la construcción de puentes y no de muros, como siempre nos ha invitado a hacer el Papa Francisco”.

Sigue mirando lo último de la tierra

Madre y no madrastra, lejos de la autorreferencialidad, dispuesta a salir al encuentro de aquellos “hermanos y hermanas en la humanidad” que no forman parte de ella, la Iglesia arraigada en Cristo es sobre todo la que pone en el centro a los descartados, a los pobres, a los desheredados, a los últimos. Al respecto, Dom Ogliari se centró en la “categoría teológica” introducida por el difunto Papa Bergoglio, según la cual la pobreza, más que un problema sociológico y ético, es “una cuestión que concierne a la doctrina”. Por eso, el benedictino dijo estar seguro de que la Iglesia “no dejará de tener los ojos y el corazón bien abiertos sobre los últimos de la tierra”, soñando “incluso con lo que parece imposible”.

Vía Vatican News

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