La fealdad del mundo no es originaria. Dios lo ha hecho bello. Es la afirmación del Génesis: “vio Dios que era muy bueno” (Gn 1,31), pero aplicada al rostro humano. Lo que afea es una postura, el mirar abajo, y no una esencia
Su manifestación más dolorosa es la guerra interna y la división dentro de las mismas comunidades, dinámicas espiritualmente mundanas que escandalizan y restan toda fuerza al testimonio misionero (EG 98-101)
Primer momento se trasladaron a la comunidad San Mateo de Boconó para la bendición de la primera piedra de lo que será su nueva capilla, un espacio consagrado para orar y dar gloria a Dios
Sentí una consolación inmensa. Experimenté de manera tangible que Jesús Eucaristía no es una abstracción ni una idea piadosa es una presencia viva que acompaña el ministerio
“Cristo delega la potestad del uso de su poder a la Iglesia, por lo tanto, es la Iglesia, la que en este mundo puede deshacer las obras del demonio haciendo uso del poder de Cristo"
Porque «son muchas las ataduras que nos mantienen cerca del pecado», la conversión «es una gracia» que debemos pedir con fuerza. La conversión implica el desapego del pecado y de la mundanidad, y su objetivo final, es la comunión y amistad con Dios. Es una síntesis de lo expresado por el Papa este domingo, reflexionando sobre el Evangelio del día, a la hora del Ángelus dominical.
Como cada domingo el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para rezar junto con los fieles presentes en la plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus dominical. En este segundo domingo de Adviento, reflexionó sobre la figura y la obra de Juan el Bautista quien “señaló a sus contemporáneos un itinerario de fe similar al que el Adviento nos propone a nosotros”: este itinerario de fe – afirmó el Pontífice – es un itinerario de conversión.
La conversión implica el desapego del pecado y de la mundanidad
Tal como enseñaba el Bautista, que en el desierto de Judea proclamaba “un bautismo de conversión para perdón de los pecados”, convertirse, explicó Francisco, “significa pasardel mal al bien, del pecado al amor de Dios”, tanto en la vida moral como espiritual. En aquel entonces, “recibir el bautismo era un signo externo y visible de la conversión” de quienes escuchaban la predicación del Bautista y “decidían hacer penitencia”. Sin embargo, el bautismo “era inútil sin la voluntad de arrepentirse y cambiar de vida”.
“La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida. Para excluir el pecado, hay que rechazar también todo lo que está relacionado con él: la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, el apego excesivo al placer, al bienestar, a las riquezas.”
Juan el Bautista, un hombre austero, que renuncia a lo superfluo y busca lo esencial”, señaló el Obispo de Roma, “es el ejemplo de este desapego del pecado y de la mundanidad”.
El objetivo de la comunión y amistad con Dios
Pero el Santo Padre también habló del “otro aspecto” de la conversión, que es «el final del camino» constituido por “la búsqueda de Dios y de su reino”:
“El abandono de las comodidades y la mentalidad mundana no son un fin en sí mismo, no es ascetismo sólo para hacer penitencia: el cristiano no hace de faquir. Es otra cosa. El desapego no es un fin en sí mismo.sino que tienen como objetivo lograr algo más grande, es decir, el reino de Dios, la comunión con Dios, la amistad con Dios.”
Este objetivo “no es fácil”, añadió el Pontífice, “porque son muchas las ataduras que nos mantienen cerca del pecado: inconstancia, desánimo, malicia, mal ambiente y malos ejemplos”. A veces – continuó – el impulso que sentimos hacia el Señor es demasiado débil y parece casi como si Dios callara; nos parecen lejanas e irreales sus promesas de consolación, como la imagen del pastor diligente y solícito, que resuena hoy en la lectura de Isaías. Es entonces cuando se siente la “tentación” de decir que es “imposible convertirse de verdad”: ese desánimo, dijo el Papa, «es arena movediza de una existencia mediocre».
La fealdad del mundo no es originaria. Dios lo ha hecho bello. Es la afirmación del Génesis: “vio Dios que era muy bueno” (Gn 1,31), pero aplicada al rostro humano. Lo que afea es una postura, el mirar abajo, y no una esencia
Su manifestación más dolorosa es la guerra interna y la división dentro de las mismas comunidades, dinámicas espiritualmente mundanas que escandalizan y restan toda fuerza al testimonio misionero (EG 98-101)
Primer momento se trasladaron a la comunidad San Mateo de Boconó para la bendición de la primera piedra de lo que será su nueva capilla, un espacio consagrado para orar y dar gloria a Dios
Sentí una consolación inmensa. Experimenté de manera tangible que Jesús Eucaristía no es una abstracción ni una idea piadosa es una presencia viva que acompaña el ministerio
“Cristo delega la potestad del uso de su poder a la Iglesia, por lo tanto, es la Iglesia, la que en este mundo puede deshacer las obras del demonio haciendo uso del poder de Cristo"