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El sacramento de la reconciliación: una oportunidad para experimentar la misericordia de Dios

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La Iglesia Universal transita este año el jubileo ordinario centrado en la esperanza, un tiempo que se ofrece para la reflexión, la conversión, la reconciliación y el perdón. Una oportunidad extraordinaria para que todos los creyentes puedan acercarse y apreciar la misericordia de Dios.

En este contexto, uno de los aspectos primordiales para vivir esta experiencia, es el sacramento de la confesión o reconciliación, que implica reconocer las faltas cometidas, sentir dolor por ello, decirle al confesor y hacer el propósito de enmienda.  Dios en su infinita misericordia, a través del sacerdote perdona los pecados y concede la paz y la fortaleza para seguir adelante.

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El presbítero Luis Toro, párroco de la iglesia Inmaculada Concepción en La Florida, municipio Cárdenas del estado Táchira, conversó con Diario Católico para orientar sobre este sacramento que fue instituido por Cristo y que en este año jubilar es esencial, junto con la participación en la celebración eucarística, para obtener la Indulgencia Plenaria que es “la certeza plena de que los pecados quedan totalmente perdonados”.

El sacerdote ofreció una catequesis a la luz de las Sagradas Escrituras. Comenzó destacando que este año jubilar de la esperanza, es un tiempo en el cual se espera que la palabra de Dios se cumpla en la vida de los creyentes y mencionó el pasaje de Mateo que señala  que el nombre de Jesús, significa salvador, pues así le fue anunciado a la Santísima Virgen en la encarnación: “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1,21).

¿Por qué confesarse?

El padre Toro resaltó que Dios envió a su Hijo para el perdón de los pecados, entonces cabe preguntarse ¿qué tiene que ver la misión de Jesús con el sacramento de la confesión? Y ¿por qué confesarse con un sacerdote?  El evangelio de Juan refiere que el Señor dijo a sus discípulos “Así como el Padre me ha enviado, así yo los envío yo a ustedes (…)  a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados y a quien se los retengan, les quedan retenidos” (Juan, 20) esto por la acción del Espíritu Santo.

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De este pasaje del evangelio se entiende que Cristo ha dado a los sacerdotes el don para que, en su nombre, ellos escuchen a los hombres y les perdonen sus pecados. Otro sustento de este ministerio se lee en el evangelio de Marcos, capítulo 1, sobre la predicación de Juan el Bautista: “Acudía a él la gente de toda Judea, y todos los habitantes de Jerusalén. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán”.

“Allí es donde la Iglesia manifiesta que estamos en el jubileo de la esperanza y que esperamos que se cumpla la palabra de Dios. Nosotros tenemos fe porque creemos en Dios, y esperanza porque sabemos que lo que Él dice, se cumple. Él les dio (a los sacerdotes) la potestad para perdonar los pecados en su nombre”, señala el Padre Luis Toro.

Misericordia

Continuó diciendo el Padre Toro, que el Señor encomendó a los apóstoles la misión de la misericordia, y en este sentido cita la enseñanza de San Pablo en la segunda carta a los Corintios, donde se muestra lo que el sacerdote llama los escalones de la misericordia.

“Todo es obra de Dios (primer escalón) que nos reconcilió con Él en Cristo (segundo escalón), y que a mí me encargó -Pablo, los apóstoles- la obra de la reconciliación (tercer escalón). Y más adelante dice: “Nos presentamos, pues, como mensajeros de parte de Cristo (…) ¡Déjense reconciliar con Dios!”

Sacerdotes

El padre Toro se detuvo en este punto para reflexionar sobre la importancia de la misión de los sacerdotes en este aspecto específico del sacramento de la reconciliación.  Es parte de la tarea encomendada para conducir a las almas a Dios, y en ese sentido, lamentó que actualmente, muchos no dan este servicio.

“Lo propio del sacerdote es ser otro Cristo, que vino para salvar al pueblo de sus pecados y esa salvación pasa por administrar el sacramento de la reconciliación. Lamentablemente eso se ha perdido y es un aspecto preocupante. Por eso este año jubilar los sacerdotes debemos reflexionar y ofrecer a los hermanos la oportunidad de reconciliarse” expresó el Padre Toro.

Creyentes

De igual forma, en el año jubilar los católicos deben valorar la gracia que Dios ha dado a los sacerdotes y tener claro que más allá de su humanidad y sus flaquezas -pues todos los hombres somos pecadores-  ellos fueron consagrados para continuar la misión entregada a los apóstoles.

Por eso, ante el común argumento de “no me confieso con sacerdotes, porque ellos son pecadores”, el Padre Luis Toro señala que es necesario distinguir el ministerio que implica el sacerdocio y que está expresado claramente en la Escritura.

“La Palabra nos enseña que los sacerdotes han sido tomados de entre los hombres para representar a Dios. Yo tengo que saber que el sacerdote está colocado por Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados, y esto se refleja en la Eucaristía y en la Confesión”.

Y añade que la confesión es un bien para el cristiano: “¿Quién pierde si no se confiesa? La respuesta en Proverbios 28, 13: “El que oculta sus faltas no prosperará (espiritualmente), el que las confiesa y se aparta de ellas alcanzará el perdón”.

Examen

Para hacer una buena confesión, el párroco de la Inmaculada Concepción de La Florida, aconseja hacer el examen de conciencia atendiendo a lo señalado en la Palabra de Dios para evitar caer en errores por relativizar las acciones que no agradan al Padre.

Enumeró los pasajes que pueden orientar el examen de conciencia: Mateo (capítulos 5 al 13); Colosenses, (3,5 en adelante); Efesios (5,5 en adelante); Romanos (6,9 en adelante); Gálatas (5,19 en adelante); Primera carta a Timoteo (1,8 en adelante) y Segunda Carta a Timoteo (3,1 en adelante).

Penitencia

¿Por qué la Iglesia manda una penitencia? Sobre este aspecto, el Padre aclara que la penitencia no resarce los pecados. La penitencia es una oración o una acción para dar gracias a Dios por su misericordia, por haber concedido el perdón.

“Como dice Ricardo Arjona, “con un Padre Nuestro, el asesino no revive a su muerto”, por supuesto que no. Pero si la persona se arrepiente sinceramente, recibe el perdón de Dios. Esto es lo que la Iglesia enseña, y que en este año jubilar es motivo de esperanza. Si hay una sincera confesión y participación en la Eucaristía que es el centro y culmen de la vida cristiana, se recibe la Indulgencia Plenaria”, puntualizó el presbítero.

Ana Leticia Zambrano

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