La Exhortación Apostólica, Evangelii Nuntiandi, promulgada por el Papa Pablo VI en 1975, cumplirá a final del año en curso: 50 años. A pesar del tiempo su mensaje sigue siendo actual y actuante. Unas palabras al respecto nos anima en la misión evangelizadora y nos interpela. Evangelii Nuntiandi, se erige como un documento fundamental en la historia de la Iglesia Católica y su misión evangelizadora.
En un contexto marcado por profundos cambios sociales, culturales y políticos, esta exhortación ofrece una honda reflexión sobre la naturaleza de la evangelización y los desafíos que enfrenta la Iglesia en el mundo contemporáneo. A través de sus páginas, Pablo VI invita a todos los fieles a renovarse en su compromiso de proclamar el Evangelio, resaltando la importancia de la acción misionera, la relevancia del testimonio personal y la necesidad de adaptarse a las nuevas realidades. Este ensayo busca explorar los principales puntos abordados en Evangelii Nuntiandi y su impacto en la evangelización actual.
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Para comprender adecuadamente Evangelii Nuntiandi, es necesario situarlo en el contexto histórico de la década de 1970. Este periodo estuvo marcado por una serie de transformaciones sociales, como el crecimiento del secularismo, la crisis de las instituciones religiosas y un creciente pluralismo cultural. La Iglesia Católica, entonces, afrontaba el desafío de acercar el mensaje del Evangelio a un mundo en constante cambio. Pablo VI, consciente de esta realidad, se propuso revitalizar el impulso evangelizador de la Iglesia, recordando que la evangelización no es solo una tarea de unos pocos, sino un llamado para todos los creyentes.
Uno de los aspectos centrales de Evangelii Nuntiandi es la definición y caracterización de la evangelización. Pablo VI subraya que evangelizar es, ante todo, anunciar el Evangelio de Jesucristo; es decir, comunicar la buena noticia de la salvación a toda la humanidad. Para el Papa, la evangelización es un acto que debe realizarse con alegría y esperanza, entendiendo que se trata de un don recibido que se debe compartir con generosidad. Además, el Papa enfatiza que la evangelización no se limita a la mera instrucción doctrinal, sino que implica un compromiso integral que abarca la vida personal, comunitaria y social.
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Pablo VI hace hincapié en que el testimonio personal es fundamental para la efectividad de la evangelización. En un mundo donde las palabras a menudo se quedan vacías, el testimonio auténtico de vida se convierte en un poderoso medio para atraer a otros al mensaje cristiano. El Papa menciona que «la gente escucha más a quienes dan testimonio que a quienes enseñan». Esto implica que la coherencia entre la fe y la vida cotidiana es crucial; los evangelizadores deben ser ejemplos vivos de lo que predican. La autenticidad del testimonio puede abrir puertas y suscitar interés en aquellos que no conocen a Cristo.
Carlos A. Peña Seminarista