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Gestos y Palabras desde la estética de Dios

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En el anterior artículo hablaba sobre las tentaciones actuales contra la cultura del “Encuentro”, canal clave para la Nueva Evangelización. Concluía diciendo que no podemos dejarnos robar la alegría del Evangelio. Esta visión que el Magisterio del Papa Francisco ha venido presentando, quiere colocar de relieve la importancia de combatir un “problema ético” manifestado en las guerras internas de la vida de comunidad y un “problema estético” expresado en la mundanidad espiritual que busca la propia gloria y belleza del hombre, dejando a un lado la gloria y belleza del Señor.

Lenguaje estético

Traducir en un lenguaje estético las controvertidas cuestiones morales y teóricas que nos dividen, es a la vez una gracia gratuita del Espíritu. Aquí entra la gracia del discernimiento bien enseñada y transmitida por san Ignacio de Loyola. Este arte del “discernimiento espiritual” nos ayuda a distinguir entre las alegrías que duran y aquellas alegrías que son pasajeras.

Es una gracia identificar de estas cuatro tentaciones frente a la cultura del “Encuentro” de las que habla Francisco en Evangelii Gaudium (la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la mundanidad espiritual y las guerras internas), cuál es la tentación principal de cada persona, comunidad y situación, y más aún, cuando se puede llegar a decir la “palabra justa” en el “modo justo” para que cada uno, se anime a rechazarla y descubrir la gracia contraria que esa tentación intenta atacar o disminuir.

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Se debe combatir el mal, “hablando y obrando” desde un punto de vista “estético”, expresaba el gran teólogo Von Balthasar al referirse a la “belleza divina”. Colocar la llama de la alegría del Evangelio en el centro de la misión de la Iglesia, no es fácil a veces. Para algunos, parece poca cosa. Sin embargo, esta llama hace posible el nuevo Pentecostés. Ese fuego enciende otros fuegos a través de encuentros personales, he aquí el modo en que debemos fortalecer la Iglesia en estos momentos. Serán nuestros “gestos y palabras desde la estética de Dios” que nos ayuden a crear mejores relaciones y por tanto mejores encuentros.

Una experiencia

Cuando san Ignacio descubrió la diferencia entre la alegría que permanecía en su corazón luego de leer el Evangelio y la que se esfumaba apenas cerraba su Tablet de aquel tiempo, con aventuras de caballería; cambió su vida para siempre. Fue comprendiendo el paso de la vanidad de las cosas efímeras a convertir su mente y corazón a una misión en salida y encuentro con los hombres y el mundo. Una nueva misión, una palabra y gesto oportuno frente al hermano que lo necesita, cuidando no solo el fondo, sino la forma.

Dice san Ignacio en su autobiografía que “se le abrieron los ojos y empezó a maravillarse de esta diversidad y a hacer reflexión sobre ella. Tomando por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste, y de otros alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se agitaban, el uno del demonio, y el otro de Dios. Este fue el primer discurso que hice sobre las cosas de Dios; y después cuando hice los ejercicios, de aquí comencé a tomar lumbre para la diversidad de espíritus”.

Campana y zapato

Buscando conocer el pensamiento de san Ignacio y con la lectura asidua del Magisterio del papa Francisco, se puede concluir que la música de los ejercicios espirituales, suena como melodía y ritmo de fondo en “Evangelii Gaudium”. Nos lleva a salir de nosotros mismos, hacia Dios, en la adoración y hacia el prójimo con quien caminamos como Pueblo fiel de Dios. Este camino expresado en una buena forma de escucharnos, vernos, tratarnos, tolerarnos y ayudarnos… Esto dará una nueva estética a la evangelización.

Hablar de la cultura del “Encuentro” nos invita a distinguir diversos modos de encontrarnos y comunicarnos. Una forma puede ser con el lenguaje simbólico de un saludo frente a un desconocido, una sonrisa frente a algún vulnerable, la caricia al enfermo, el rosario en medio de una agitada ciudad… que lleva mantener un compromiso ante una elección tomada llena de decisiones y opciones.

Los “Encuentros” pueden ser de “campana” que llama y crea cultura de encuentro, porque resuena convocando, invitando a todos. O También puede ser de “zapato”, un encuentro caminante, de método, con un camino fenomenológico, que piensa saliendo y acompañando, metiéndose en el barro, peregrinando con su pueblo, un Encuentro que hace cultura, dejando huella en el tiempo.

Por tanto, los Encuentros de “campana o zapato” producen encuentros en todos los niveles donde se da la amistad, el compañerismo, la fraternidad, que busca en el “Magis”, el mejor bien común, para Mayor gloria de Dios.

 Pbro. Jhonny Zambrano

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