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“Hoy me quedaré en tu casa”

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El evangelista Lucas reserva una atención particular en el tema de la misericordia de Jesús. En su narración, de hecho encontramos algunos episodios que evidencian el amor misericordioso de Dios y de Jesús, quien afirma haber venido a llamar no a los justos sino a los pecadores. Uno de los episodios relevantes de este evangelio es la conversión de Zaqueo. Él es un publicano, el jefe de los publicanos de Jericó. Los publicanos cobraban los tributos que los judíos debían pagar al emperador romano, y por esto ya eran considerados públicos pecadores. Aprovechaban de su posición para extorsionar a la gente.

Jesús caminaba por Jericó, se detuvo justo en casa de Zaqueo, suscitó un escándalo general. El Señor sabía muy bien quién era Zaqueo y lo que hacía. Quiso arriesgarse por él y obtuvo su salvación: ese hombre de nombre Zaqueo, profundamente tocado por la visita de Jesús a su casa y a su vida, promete restituir lo que ha robado y el Maestro afirma: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” y concluye “el hijo del hombre el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido”.

Dios no excluye a nadie, ni ricos ni pobres. No se deja condicionar de nuestros prejuicios humanos, sino ve en cada uno un alma para salvar y atrae aquellas que son juzgadas como perdidas y que se consideran como tal. Jesús ha demostrado misericordia, mira siempre la salvación del pecador, ofrece la posibilidad de rescate, comenzar de nuevo, convertirse.

“Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo eso. Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo. Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús, dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida.” (Papa  Francisco).

En el caso de Zaqueo, el mensaje de Jesús, su palabra y su misericordia han sido recibidos en su corazón. No lo condena, sino que lo acoge, lo ama y lo lleva al buen camino. Oremos para que también nosotros podamos experimentar el gozo de ser visitados por Jesús, renovados en su amor, y transmitir a los demás su misericordia.

Nuestra Madre del Cielo nos guía en nuestro camino. Ella nos da el ejemplo de lo que debemos ser y hacer en nuestra vida: escuchar la Palabra de Dios, conservar en nuestros corazones su mensaje y ser disponibles al servicio a favor de los más débiles. Así sea.

 

José Lucio León Duque

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