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IIIº Domingo de Pascua: “¡HA RESUCITADO EL SEÑOR…!”

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«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

 

I° lectura: Hch 2,14ª. 22-33; Salmo: 15; II° lectura: 1 Pe 1,17-21; Evangelio: Lc 24,13-35

 

En este domingo, IIIº de Pascua, se muestra la importancia de ser testigos, discípulos de Cristo y lo que significa su presencia real en cada uno de nosotros. Tomar en serio el hecho de seguir a Jesús nos lleva a ser discípulo, optar por Él y conservar la confianza, ya que con su sangre nos ha redimido y nos ha dado la salvación.

El Evangelio de hoy, nos propone el episodio de los discípulos que van de camino a Emaús. Mientras iban de camino, Jesús se acercó y caminó con ellos; camina con los discípulos de Emaús, los encuentra, les acompaña, los ve tristes, va poco a poco con ellos y les pregunta: “¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?”. Ellos le cuentan la historia: la ilusión de aquellos que ahora ven todo diferente a lo que pensaban. Dios se acerca siempre, camina junto a sus hijos durante los siglos, en todo momento y mueve toda la historia. Camina con nosotros, así como con los discípulos, no para corregir nuestro paso sino para tomarlo y enseñarnos lo que significa caminar con Él.

¿QUIEN ES EL DISCÍPULO DE EMÁUS?

Se nos regala un episodio conocido y muy hermoso que recuerda la presencia de Jesús en los discípulos de Emaús y en ellos, en todos nosotros. Es una historia que se presenta como emblema de fe, de compañía por parte del maestro a sus discípulos hasta el punto de pedirle que se quede con ellos. Este encuentro de camino y de vida, es certeza de que Jesús nos acompaña siempre, en todo momento y, a su vez, la manera de mostrarnos que, a pesar de nuestra ceguera, el maestro siempre nos indica la vía que debemos seguir.

Se presentan algunos elementos importantes que nos ayudarán a reflexionar a la luz de Emaús: en primer lugar, la tristeza de los discípulos que regresan ante la muerte del Salvador, se van a Emaús porque piensan que ya no hay nada qué haceren segundo lugar, Jesús se presenta en el momento justo, se hace el encontradizo pues sabe perfectamente en qué momento nos encuentra e instruye a quienes van de camino; en tercer lugar, los discípulos, -así como nosotros- optan por permanecer con el maestro, no hay que dejarlo ir sino que hay que pedirle se quede; en cuarto lugar, la compañía de Jesús hace que nuestro corazón arda y se nos abran los ojos con asombro, ante la majestuosidad del milagro de su presencia en la vida del hombre. “¿No nos ardía el corazón…?”, dijeron los discípulos después de que Jesús se fue.

Lo reconocen al partir el pan. Lo reconocen porque unos días antes, el Jueves en la noche, Jesús se dio en su totalidad: tomen y coman esto es mi cuerpo, tomen y beban esta es mi sangre. Lo reconocen porque en el partir, romper y entregarse está parte del secreto del Evangelio: Dios se hace hombre, se entrega a la humanidad con amor total, alimenta al hombre y se hace vida en medio de la situación que se está viviendo en el mundo.

El discípulo de Emaús es aquel que se deja guiar y permite que la compañía de Jesús Resucitado dé plenitud a la vida.

El discípulo de Emaús es quien siente en su corazón la necesidad real de convertirse y escuchar la Palabra de Dios.

El discípulo de Emaús es quien, sintiendo arder el corazón, abre sus ojos y reconoce a Jesús Resucitado, haciéndolo centro de su vida.

El discípulo de Emaús es quien camina junto a Jesús, es quien le pide se quede en su vida, es quien  vive el amor del Resucitado con y por el prójimo.

El discípulo de Emaús es quien reconoce su debilidad y acepta en su corazón la presencia real de Jesús, siendo testigos de la Resurrección.

El discípulo de Emaús es quien da testimonio real del encuentro del Resucitado en su vida, pues Él cambia todo en nosotros y nos da la posibilidad de convertirnos realmente y no por apariencia.

MARÍA, MADRE Y ACOMPAÑANTE

En el “Emaús” de nuestra vida, tenemos el apoyo total de María Santísima, nuestra madre. Ella nos acompaña ofreciéndonos la presencia de su amor, así como la certeza de la misericordia de su hijo. Seamos solícitos en nuestro caminar, pidamos a Jesús que se quede con nosotros y hagamos que nuestros corazones se contagien de su amor y ardan siempre más, para así unirnos en la evangelización a la que todos estamos llamados. Así sea.

 

#YoTengoUnAmigoSacerdote

#HoyMasUnidosQueNunca

#TuPuedesSerSacerdote

 

José Lucio León Duque

Sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal

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