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La misión de la Iglesia en la red

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La Iglesia, a lo largo de su historia, ha buscado los caminos para cumplir con el mandato de Cristo: llevar la Buena Nueva a todas las naciones. Hoy, se encuentra ante un territorio inmenso y vibrante que la interpela como nunca antes: la red de internet.

La Iglesia se siente, hoy más que nunca, solicitada por una lógica de conexiones que, en definitiva, le ayuda a comprender más a fondo su naturaleza de instrumento universal de “reconciliación” y de “comunión”. Estos términos tienen, en su base, una idea radical de conexión que el mundo actual comprende sin esfuerzo alguno.

Lea también: Papa a la COP30: «Si quieres cultivar la paz, cuida la creación»

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica afirma el carácter sacramental de la Iglesia por ser precisamente un “instrumento de la reconciliación y de la comunión de toda la humanidad con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Compendio CIC, 2005, n.152). Con esto, descubrimos una verdad fundamental: parte esencial de la misión de la Iglesia, además de llevar la Buena Nueva, es buscar la comunión de todos los que la conformamos y, al mismo tiempo, somos los agentes de esta misión.

Corazón y pantalla

No podemos olvidar que, detrás de las pantallas conectadas a internet, hay personas de carne y hueso, hombres y mujeres de toda edad y condición que buscan, que necesitan a Dios, que desean ser amadas y aceptadas tal y como son, aunque a veces se escondan detrás de un nombre de usuario, de un avatar o de una cuenta anónima.

Allí donde están las personas, allí debe estar la Iglesia, y en particular los pastores, para anunciar, para comunicar el amor de Cristo. La red se convierte en un nuevo “atrio de los gentiles”, un lugar de encuentro. Cada uno de los miembros de la Iglesia puede encontrar aquí nuevas y maravillosas oportunidades de evangelización, estando dispuesto para el encuentro del hermano. La palabra de Dios puede ser ofrecida y compartida de una forma concreta en este vasto mundo digital.

Complementariedad

Además, de la evangelización personal, este medio nos ofrece la posibilidad de organizar y complementar nuestro trabajo pastoral. La clave está en la sabiduría: no realizarlo todo de forma presencial, ni todo de forma virtual. Ambos son complementarios. Como bien se ha señalado. Es tarea de la Iglesia hacer que Jesucristo no esté ausente en ninguno de ellos. Ciertamente, la presencia sacerdotal posee una particularidad entre todas las demás presencias.

Sin embargo, la misión en la red va más allá de un simple acto de multiplicación o difusión de contenidos. No se trata solo de usar internet para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia. Se trata de un hecho más profundo: conviene integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicación moderna.

El Papa San Juan Pablo II ya lo advertía: “Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos psicológicos” (Redemptoris Missio, n.37).

Sea como sea, internet y la sociedad fundada sobre las redes de conexión, comienzan a plantear desafíos verdaderamente significativos no solo a la pastoral, sino también a la comprensión misma de la fe cristiana a partir del lenguaje en que se expresan.

Conclusión

Por tanto, la misión de la Iglesia en la red es, es un llamado a la encarnación digital. Ser presencia viva de Cristo donde el hombre de hoy se encuentra, buscando la comunión con un lenguaje que el mundo conectado pueda comprender, para que la humanidad entera se reencuentre y se reconcilie con Dios. El desafío es grande, pero la promesa es eterna.


Pbro. Jhonny A. Zambrano

Vicario Episcopal de Comunicación

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