34.5 C
Venezuela
miércoles, abril 1, 2026
HomeOpiniónMeditando en la oración

Meditando en la oración

Date:

NOTAS RELACIONADAS

Domingo de Ramos: Profecía, humildad y pasión

Isaías nos presenta al Siervo sufriente que ofrece su espalda a los azotes y su rostro a los insultos, sin retroceder ni avergonzarse

Fe creída, fe vivida: El testamento de la misericordia desde el calvario

Todo comenzó en la oscuridad de Getsemaní, donde el “Abbá” de Jesús fue un acto de rendición a la voluntad del Padre. Al llegar al Calvario, esa rendición se convierte en victoria

Cuidar el altar es amar a Cristo

Jesús mismo pidió a sus discípulos preparar cuidadosamente una sala grande para la Última Cena. Él no improvisó. Hubo una delicadeza previa, una sensibilidad litúrgica que hoy nosotros heredamos

Siete días para acompañar a Jesús y quedarse a su lado

«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces»

Miércoles Santo: Permanecer en la vid para dar frutos de amor

Acompañado por el vicario parroquial Pbro. Henry Escalante, nuestro Pastor nos invitó a sumergirnos en el capítulo 15 de San Juan: "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos"
spot_imgspot_img

La oración es gozo de la comunión en un mismo amor, tanto en lo íntimo personal, como en nuestras relaciones con los hermanos, esa es la dinámica de la oración. San Ignacio de Loyola decía: “amar y servir”, pues la oración, como el amor, nos llama a las obras. “Obras, quiere el Señor” dirá Santa Teresa de Jesús, puesto que el amor que se experimenta de manera pasiva, que no es dinámica transforma al hombre en desierto y muere dentro de él. Al Dios que oramos, al que le pedimos y del que somos imagen, es uno que no dejó nada por hacer y que todo lo que hizo, lo hizo bien, precisamente por no reservarse amor.

El ser de Dios es obrar, actuar, hacer, pues su grandeza no tiene término y por ello tampoco sus obras. Ese obrar constante nos es revelado por la oración, por ello Juan Pablo II entiende que orar significa también callar y escuchar lo que Dios nos quiere decir. Participar de la oración, es participar del amor de Dios y participar del amor de Dios es obrar para honra de Dios mismo y para compartir el amor que nos quema el corazón por medio de las obras que brindamos a nuestros hermanos, especialmente, a los más pobres y necesitados.

Lea también: Arrancaron los 300 años de San Antonio del Táchira 

Producto de su abandono a la oración en el Getsemaní, el Hijo ve con claridad el corazón del Padre donde le muestra cuál es su voluntad: que los hombres se salven por medio de mi ofrenda de amor. Del amor del Padre en diálogo con el amor del Hijo desnudo en la oración brota la prueba de amor más grande que ojos humanos han visto: aquella que es capaz de brindar su vida por sus amigos. La oración en la oscuridad del Huerto de los Olivos permite que el amor brille y se consolide pleno en la cruz que aguarda. Piensa Juan Pablo II, por razones como estas, que la oración es la primera y fundamental condición de la colaboración con la gracia de Dios. Es menester orar para obtener la gracia de Dios y es necesario orar para poder cooperar con la gracia de Dios.

La oración, que es amor que saca amor, nos brinda nuevos ojos, nuevos oídos, nuevo corazón, nueva mente, para captar la firme expresión de Dios como amor, un amor que es una llamada a volvernos amor para todos los que Dios ama. Por eso, Santa Teresa de Jesús, leída con harta frecuencia por Juan Pablo II, afirmaba que servir a los hermanos es el mayor de todos los servicios que reflejará el mayor contento que puede ofrecérsele a Dios, allí, en el servicio a los otros, a nuestros hermanos, despunta la mejor manera de demostrar amor a Dios: hacer por los prójimos, y es que, como apunta nuestro Papa polaco, “no sería auténtica vuestra oración, si no fuera acompañada de un compromiso de vida cristiana y de acción apostólica”.

La relación de adoración y oración con servicio y acción tiene un profundo significado para la Iglesia. La Iglesia se considera a sí misma llamada a la adoración, al servicio; al mismo tiempo, ve su servicio relacionado con su oración. Concede grandísima importancia al ejemplo de Cristo, cuyos actos fueron en su totalidad acompañados por la oración y realizados en el Espíritu Santo. Paz y Bien, a mayor gloria de Dios.

 Valmore Muñoz Arteaga

NOTAS RELACIONADAS

Domingo de Ramos: Profecía, humildad y pasión

Isaías nos presenta al Siervo sufriente que ofrece su espalda a los azotes y su rostro a los insultos, sin retroceder ni avergonzarse

Fe creída, fe vivida: El testamento de la misericordia desde el calvario

Todo comenzó en la oscuridad de Getsemaní, donde el “Abbá” de Jesús fue un acto de rendición a la voluntad del Padre. Al llegar al Calvario, esa rendición se convierte en victoria

Cuidar el altar es amar a Cristo

Jesús mismo pidió a sus discípulos preparar cuidadosamente una sala grande para la Última Cena. Él no improvisó. Hubo una delicadeza previa, una sensibilidad litúrgica que hoy nosotros heredamos

Siete días para acompañar a Jesús y quedarse a su lado

«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces»

Miércoles Santo: Permanecer en la vid para dar frutos de amor

Acompañado por el vicario parroquial Pbro. Henry Escalante, nuestro Pastor nos invitó a sumergirnos en el capítulo 15 de San Juan: "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos"

DC.RADIO

RECIENTES

spot_img

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here