En el corazón del piedemonte andino, abrazado por el sopor del llano barinés y con las primeras estribaciones de la montaña, germinó hace tres años una obra espiritual inédita: el Monasterio Santa María del Piedemonte.
Lo que comenzó como un susurro de Dios en medio del silencio del confinamiento por la pandemia del COVID en 2021, hoy se materializa como un pulmón de intercesión por la Iglesia.
El Kairós: un llamado en la prueba
La génesis de este monasterio está marcada por el Kairós (el tiempo de Dios). En 2021, mientras el mundo se recluía ante la incertidumbre sanitaria, un sacerdote venezolano con tres décadas de entrega ministerial escuchó un llamado particular. Entre la soledad de la casa cural y las madrugadas frente al Santísimo, surgió la inspiración de fundar un espacio de vida monacal que respondiera a las heridas del mundo actual.
Lea también: Domingo de Gloria: La vida ha vencido a la muerte en la Catedral
Bajo la guía y el discernimiento de pastores como monseñor Polito Rodríguez y otros hermanos sacerdotes, la visión se clarificó bajo cuatro pilares: el cuándo, el cómo, el dónde y el con quién.
Carisma: Santidad para los Pastores
Está obra inédita en la región nace de la entraña misma del clero venezolano, a diferencia de otros monasterios que por lo general son de origen extranjero.
Su carisma es preciso: orar permanentemente por la santidad de los sacerdotes.
En el monasterio de Santa María del Pie de Monte ofrecen su vida ascética, su silencio y su trabajo manual como una ofrenda por sus hermanos sacerdotes. Es un espacio de oración para sostener a quienes llevan la evangelización.

Ubicado en el sector Las Palmas, municipio Pedraza, del Estado Barinas,el monasterio se asienta sobre 29 hectáreas de una belleza natural sobrecogedora. Sin embargo, los inicios han estado marcados por la «santa pobreza».
«Cocinamos en fogón, carecíamos de servicios básicos y cargábamos agua desde los nacientes. Fue un proceso traumático, pero profundamente purificador “comenta el Padre Luis Espinoza fundador del monasterio.

Hoy gracias a la providencia divina y a la solidaridad de benefactores, el monasterio cuenta con una estructura mínima que permite la vida comunitaria.
Esto antes era monte y sacrificio rudimentario, hoy es un recinto donde a las 5:00 a.m. ya resuena la Liturgia de las Horas, conectando el cielo con el llano barinés, relata el sacerdote.

Con la llegada de un grupo de diez aspirantes durante esta Semana Santa, el monasterio inicia una etapa de formalización. Es una obra inédita de un monasterio con sabor a llano, fundado por el Padre Luis Espinoza ordenado sacerdote hace más de 31 años y que ha decidido cambiar la estructura parroquial por la vida contemplativa.

Más que una estructura levantada a manos de benefactores el Monasterio Santa María del Piedemonte; es una respuesta de fe a los signos de los tiempos. Desde su altura, donde se divisan simultáneamente las montañas de Mérida y la inmensidad de Barinas, se eleva una oración ininterrumpida: «Señor, santifica a tus sacerdotes»


