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Pecados capitales (parte I)

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Todas las personas en el fondo de su vida tienen por objetivo el mismo propósito: ser feliz y evitar el sufrimiento a toda costa. En la búsqueda de esa felicidad, todas las personas optan por buscar aquello que les hace “feliz” o al menos, debería hacerlos feliz; el problema surge cuando la atención se desvía de la búsqueda de la verdadera felicidad, cuando el placer se entremete y termina este siendo un fin y no un medio.  Fácilmente las personas se acogen al placer, porque éste se parece mucho a la felicidad y es más fácil de hallarlo, aunque sea momentáneo, y más aún, se muestra como lo opuesto al sufrimiento, lo cual es el ideal de la felicidad, o eso se supone.

Los budistas sugieren que hay 8 dharmas mundanos que están directamente relacionados con la felicidad o sufrimiento del ser humano: 1. El placer y su opuesto el dolor. 2.Las alabanzas y su opuesto las críticas. 3.La fama y su opuesto el desprestigio. 4. La ganancia y su opuesto, la pérdida. En este orden de ideas, mientras las personas gozan con el placer, las alabanzas, la fama y la ganancia, se sienten realizadas como personas, mientras que si llegan a experimentar lo opuesto es una auténtica fábrica de sufrimiento: llegan las depresiones, las ansiedades, los fracasos, etc. La sociedad actual ha demostrado que está haciendo todo lo posible por ocultar la felicidad en la falda del placer, generando todo tipo de pecados, y inmoralidades, desviando la atención de niños, jóvenes y adultos por cosas efímeras y dañinas para sus almas.

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Ahora bien, ¿cuál es el problema con el placer? ¿está mal el placer? La respuesta es un rotundo NO. Por ejemplo: El hecho de comerse un chocolate delicioso es genial, y hace parte de los placeres de la vida, y no hay problema por hacerlo. Pero, hay otros placeres que nos esclavizan y nos hacen perder la capacidad de relacionarnos sanamente con los demás y con Dios, como, por ejemplo: La pereza. Hoy tengo mil cosas por hacer, pero prefiero quedarme encerrado viendo series o durmiendo. Cuando el placer se lleva al extremo negativo, surgen los pecados.

La Iglesia Cristiana Católica ha denunciado a lo largo de su historia los pecados, en especial los siete pecados capitales, que se les llama así porque “constituyen la fuente, principio o cabeza de otros pecados…, es decir, a partir de allí dan cabida a otros pecados.” Los siete pecados no aparecen ordenados en lista ni descritos directamente en la Sagrada Escritura, pero, sí se hace referencia a ellos a lo largo de los libros que conforman la Biblia.

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A lo largo de la historia, diversos artistas han sido inspirados por los siete pecados capitales para crear obras de gran trascendencia, como “la divina comedia” de Dante Alighieri, o la pieza pictórica de Jheronimus Bosch denominada “la mesa de los pecados capitales.” Pero, aún hay más, hoy en día, y gracias a diferentes series y películas de plataformas digitales, los siete pecados cabeza, han ingresado al vocablo y conocimiento de los jóvenes, casi que directamente a la memoria.

Los siete pecados capitales quieren “tienta a las personas satisfacer su deseo a toda costa, lo que implica cometer otros pecados para lograrlo. En ese sentido, quien es movido por los pecados capitales se deshumaniza y deshumaniza a los otros al reducirlos a meros obstáculos de su deseo o instrumentos de su voluntad.” De esta manera, ¿cuáles son los siete pecados capitales? Son lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Con mayor frecuencia, se ha vendido la idea de que la Iglesia Católica es anticuada y quiere arruinar la felicidad, diciendo que todo es pecado, y no permitiéndole a las personas hacer cuánto quieran “con su cuerpo” y sus vidas. Pero, cuando vamos a la evidencia, nos damos cuenta de la realidad que quiere esconder el “culto al cuerpo” y demás tendencias de la actualidad.

Adrián Castro

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