El próximo 25 de enero, la Rectoría San Pablo, ubicada en el municipio Sucre, celebra su fiesta patronal. Su territorio pertenece a la parroquia Nuestra Señora del Rosario, en San José de Bolívar, municipio Francisco de Miranda, cuyo templo desde hace varios años ha contado con la asistencia de sacerdotes dedicados a su atención particular.
Actualmente se encuentra a cargo del presbítero Carlos Urbina, quién desde su ordenación el pasado 30 de agosto, fue designado por monseñor Lisandro Rivas, obispo de la Diócesis de San Cristóbal, cómo vicario de la Parroquia San José de Bolívar y encargado de la Rectoría San Pablo.
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Destacó Urbina que las comunidades que componen la rectoría son: La Línea, La Polonia, La Victoria, Los Picachos, La Hoyada, Las Palmas, Los Patios, San Antonio del Bojal, Los Leones, Las Mesas, Bare –Bare y el pueblo de San Pablo.
Hasta el momento, el trabajo pastoral que se ha desempeñado ha sido la visita, acompañamiento y promoción de las comunidades eclesiales de base, a las cuales el sacerdote ha procurado visitar una o dos veces al mes para administrar los sacramentos, promover la catequesis y visita del Santísimo en cada capilla.

Para llevar a cabo el trabajo pastoral, se establecieron comisiones en cada sector motivando los trabajos de restauración de las capillas que presentan daños en la infraestructura.
“El propósito de la rectoría es la atención del Pueblo de Dios presente en estás comunidades”, explicó.

Otro propósito que tiene el presbítero es tener todo organizado para la tan esperada, elevación de la rectoría a parroquia eclesiástica.
Conversión
Destacó que el 25 del presente mes, es la fecha en la cual la Iglesia Universal celebra la conversión de San Pablo, a quien se le conoce como el “apóstol de los gentiles”, debido a que recibió directamente de Cristo la misión de anunciar el Evangelio a todas las naciones.
Pablo fue un perseguidor de los cristianos, quien, por su convicción de preservar la ley judía, repudiaba a todo aquel que se proclamara como discípulo del Señor.
Cuando se encontraba camino de Damasco, Dios intervino haciéndolo caer del caballo que montaba, iniciándose una de las historias de conversión y posterior entrega más hermosas que existen.

De acuerdo a los Hechos de los Apóstoles, Saulo, nombre judío de San Pablo fue derribado del caballo que montaba por el mismo Jesús resucitado, quien se reveló a través de una fuerte luz proveniente del cielo, desde la que le habló: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” A lo que él contestó: “¿Quién eres, Señor?”. La voz le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. El destello fue tal que Saulo quedó ciego por tres días, permaneciendo en casa de un conocido, sin comer ni beber.

Ananías, discípulo de Cristo, fue enviado por Dios al encuentro de Saulo, para mostrarle el camino del Señor. Saulo recuperó la vista por obra de Dios. Y así como los ojos corporales se abrieron a la luz nuevamente, los del espíritu conocieron la verdad que proviene de Dios.
Saulo a partir de ese momento dejó que sea Él quien transforme su corazón y lo conduzca por el sendero de la caridad y la salvación. Así, Saulo pidió ser bautizado. Después asumiría la predicación y la misión de anunciar a Cristo a todas las gentes.
Maryerlin Villanueva


