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San Agustín: El hijo de las lágrimas de su madre

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Aurelio Agustín (San Agustín) nació en Tagaste, África el 13 de noviembre de 354, durante su vida fue un filósofo, teólogo y obispo cristiano considerado uno de los más importantes Padres de la Iglesia Católica y  erigido como Doctor de la Gracia.

Hijo de Patricio, un funcionario pagano al servicio del Imperio y de Mónica, una mujer entregada que posteriormente se convertiría en Santa, un legado que pasó a su hijo en creencia, educación y amor a Dios.

En sus primeros años la convicción acerca de lo que después se forjaría como su centro pleno de adoración fue descuidada y poco analítica, sin embargo, la conversión de uno de los máximos representantes junto a San Gregorio, San Jerónimo y San Ambrosio de la iglesia latina llegó con beneplácito.

Pensamiento

San Agustín centra su pensamiento en la relación del alma, perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios, tal convicción privaba en la conversión entre estos dos tópicos, el mal y el bien. Es por ello, que su accionar es esencialmente espiritualista lo cual confrontaba la tendencia cosmológica de la filosofía griega.

Su controversial análisis se expresa en su obra Confesiones donde internaliza y estudia desde dos vertientes a través de un diálogo extenso y consistente las diatribas entre la criatura y su Creador.

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El santo que en principio estuvo inmerso en otras directrices alejadas de la propia religión fue un promotor y precursor, antes de su adhesión en el año 386, de análisis y estudios que lo erigieron como un orador y profesor de renombrada reputación.

En 391 fue ordenado sacerdote en Hipona, en la misma provincia de Numidia. Fue entonces que el converso Agustín se permitió usar toda su erudición en favor del cristianismo. Pronto se convertiría en un gran predicador y un gran erudito teórico de los fundamentos de la religión. Unos años más tarde, a finales del siglo IV, fue nombrado obispo de Hipona.

Bases

La premisa de San Agustín se evidenciaba en el amor y bajo este concepto y su estudio promovió que no existía otro factor tan determinante para vivir, «mi amor es mi peso; por él soy llevado adondequiera que soy llevado».

Sentó las bases de la eclesiología, proponiendo que la Iglesia era una sola entidad legítima, pero que debía entenderse bajo dos realidades. La parte visible estaría formada por la institución jerárquica y los sacramentos; pero la parte invisible estaría constituida por las almas de los practicantes.

El santo fue precursor en la defensa al argumento de que el ser humano era la unificación idónea y perfecta entre dos elementos, el cuerpo y el alma, un concepto en el cual giró buena parte de sus estudios y enseñanzas que lideraron doctrinas y extensos análisis que lo erigieron como un erudito en temas relacionados con su creencia.

Santidad

San Agustín murió el 28 de agosto de 430 a los 75 años de edad. Para la época, con ninguna formalidad prevista para la canonización terminó convirtiéndose en santo por aclamación popular.

En 1298, el Papa Bonifacio VIII (1235-1303) le otorgó el título póstumo de Doctor de la Iglesia.

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