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San Juan Crisóstomo, el gran orador de la Iglesia Católica

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San Juan de Antioquía, Patriarca de Constantinopla y uno de los cuatro grandes pilares de la Iglesia de Oriente, recibió un siglo después de su muerte el nombre con el que es conocido hasta nuestros días: Juan Crisóstomo, ésta última palabra griega significa “boca de oro”, pues en efecto, fue un gran orador, posiblemente el máximo entre los Padres de la Iglesia.

Nació en Antioquía, Siria, hacia el año 344; fue hijo de un prominente militar sirio quien falleció poco después del nacimiento de Juan, por lo que el santo recibió las primeras enseñanzas de vida de su madre Antusa, quien era cristiana y quien le procuró grandes profesores.

Su mamá le puso como maestro a Libanio, el mejor orador de Antioquía, quien veía en Juan a su sucesor. Pero este último lo que más deseaba era la vida religiosa.

 

Recibió el Bautismo a la edad de 23 años. Acompañó a su madre hasta la muerte, y cuando ella falleció fue al desierto e inició una etapa de ermitaño que duró seis años, la cual minó su salud.

Estudió teología con Diódoro de Tarso, una de las más notables figuras de la Escuela de Antioquía; luego recibió el diaconado en el 381 por Melito de Antioquía, y el sacerdocio en el 386 por el obispo Flaviano I de Antioquía. A partir de este momento comenzó a predicar y a la fecha se le conocen 600 discursos, sermones y cartas en los que abundan los pasajes bíblicos y las enseñanzas morales.

Juan Crisóstomo fue llamado a Constantinopla donde la emperatriz Elia Eudoxia, y su esposo Arcadio, lo designaron arzobispo metropolitano el 26 de febrero del 398. Luego recibiría el título de Patriarca.

Denunció los abusos de autoridades
La sucesión de Juan de Antioquía se debió a que el anterior Arzobispo acababa de fallecer, pero ya en el cargo valientemente denunció los abusos de las autoridades imperiales, depuso a obispos indignos, intentó devolver la moralidad a su clero.

La emperatriz y su corte se pusieron en su contra por dichas acciones, y por eso lo desterraron de por vida.

El primer punto de su destierro fue Cucusus, Turquía, donde él continuó su trabajo, principalmente epistolar, conservando el optimismo como se aprecia en una carta dirigida a santa Olimpiades: “No pretendo quitarte la tristeza sino proporcionarte gran ánimo y alegría, lo cual es fácil con tal que tú quieras, porque la alegría y el valor del alma no depende de leyes naturales, sino de los libres pensamientos del alma, que está en nuestras manos gobernar y regir”

Murió en el destierro, tenía alrededor de 60 años.

Falleció el 14 de septiembre del año 407, y sus restos mortales fueron trasladados a Constantinopla a partir del año 437 y depositadas en la Iglesia de los Santos Apóstoles, y en el siglo XIII a Roma, sin embargo, sus reliquias fueron quedándose en varias iglesias.

En 1568, el Papa Pío V lo declaró Doctor de la Iglesia, convirtiéndolo en uno de los cuatro doctores de la Iglesia Oriental; años después, en 190, Pio X celebró el 15° aniversario de su muerte y al año siguiente lo declaró santo patrono de los predicadores; es representado como obispo griego y con un libro.

San Juan Crisóstomo es venerado por las iglesias católica y ortodoxa, la Comunión Anglicana y la Iglesia luterana. En la Iglesia Ortodoxa, su santuario se encuentra en la Catedral Patriarcal de San Jorge, en Estambul.

CARLOS VILLA ROIZ

 

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