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San Pío de Pietrelcina: “La sociedad de hoy no reza, por eso se está desmoronando”

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Francesco Forgione (San Pío) nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, provincia de Benevento, al sur de Italia, hijo de Grazio Mario Forgione y María Giuseppa de Nunzio, dos humildes agricultores cuya característica primordial fue su trabajo arduo y su  devoción católica sólida que sirvió de columna para el joven Francesco.

Desde muy niño, con una salud muy frágil, el santo mostró actitudes de piedad las cuales iban acompañadas de constante penitencia. Su convicción por hacer el bien se evidenció en su voluntad de ser sacerdote, un deseo que se consolidó por un contacto fortuito con un fraile capuchino del convento de Morcone, quien pedía limosna regularmente por su casa.

“El niño Francesco dio muestras de una gran fe y gran espiritualidad, asistiendo diariamente a Misa, orando en su hogar y también frente al Santísimo. A la edad de 12 años fue confirmado y recibió la primera comunión en la capilla Santa Ana. Su madre fue testigo de las penitencias y privaciones que realizaba. En esa época ayudaba a su padre en el campo, por lo que su educación tomó más tiempo y requirió ayuda adicional para nivelarse y poder así ingresar a la vida religiosa”.

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A los quince años de edad  ingresó noviciado de los Frailes Capuchinos, de la Orden Franciscana de Morcone y fue allí donde luego de tomar el hábito franciscano tomó el nombre de Fray Pío, como una muestra de respeto al santo patrono de Pietrelcina, Papa San Pío V.

“El 27 de enero de 1907 cumplió con la profesión de los votos solemnes y el 10 de agosto de 1910, el Hermano Pío fue ordenado Sacerdote por el Arzobispo Paolo Schinosi en la Catedral de Benevento, Italia, siendo llamado desde entonces Padre Pío”

El padre Pío con el inicio de la primera Guerra Mundial, fue llamado a prestar servicio en la Décima Compañía de Sanidad en Nápoles, su salud empeoró y fue internado en distintas oportunidades en hospitales para su recuperación, en esta situación fue la primera vez que se manifestaron los primeros estigmas en manos, pies y costado.

“Estando en San Giovanni Rotondo, en el Monasterio del Gargano, se le hicieron visibles los estigmas de Jesús en manos, pies y costado, las cuales permanecieron con él por 50 años, desapareciendo poco antes de morir. Al difundirse la noticia de los estigmas del Padre Pío, una gran afluencia de personas concurrían a San Giovanni para poder verlo, asistir a las Misas que celebraba y a confesarse con él”.  

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El 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío en el marco de los 50 años de haber experimentado los estigmas de Jesús crucificado ofreció una misa, para esta fecha el altar se adornó con 50 rosas rojas,

“Los estigmas ya habían desaparecido sin que sus manos, pies y costado mostraran cicatrices. Tres días después, el 23 de septiembre de 1968, dejó de existir a los 81 años de edad en San Giovanni Rotondo”. 

Carlos A. Ramírez B.

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