El 15 de marzo de 1384, en Roma, Italia, nacía Santa Francisca Romana, en el seno de una familia profundamente creyente y con recursos suficientes que los erigían como una familia acomodada de la sociedad del momento. Esta condición económica hizo que recibiera una instrucción religiosa de calidad.
Sus dotes colmaron a la niña que siempre mostró un interés por ser religiosa una convicción que no fue bien vista por sus padres, quienes dispusieron conseguirle un novio proveniente de una familia rica y obligarla a casarse.
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“A los 11 años, Francisca sintió el llamado a la vida religiosa, pero sus padres la obligaron a casarse con Lorenzo Ponziani, un joven noble. A pesar de esta situación, Francisca nunca abandonó su compromiso espiritual. Como esposa y madre de tres hijos, vivió su vocación en el hogar, siempre buscando la manera de integrar su fe y su amor por Dios en su vida diaria. Con el tiempo, su matrimonio se convirtió en un camino de santidad, donde ambos cónyuges compartieron una vida de fe y servicio”.
Sin embargo, pese a su compromiso como esposa y madre, Santa Francisca seguía sintiendo su vocación religiosa. De allí que luego del consentimiento de sus esposos, ella y su cuñada emprendieron una tarea de atención a los más necesitados en hospitales, así como a instruir a personas de la calle.

“En más de 30 años que Francisca vivió con su esposo, observó una conducta verdaderamente edificante. Tuvo tres hijos a los cuales se esmeró por educar muy religiosamente. Dos de ellos murieron muy jóvenes, y al tercero lo guío siempre, aun después de que él se casó, por el camino de todas las virtudes.”.
La santa se le reconoce que tuvo visiones místicas y experiencias espirituales profundas con lo cual la motivaron a la fundación y creación de una comunidad de mujeres dedicadas a la oración y a la asistencia social, conocida como la Orden de las Oblatas de Santa Francisca Romana, cuya finalidad era la vida contemplativa y en el servicio activo hacia los más necesitados.
En 1440, a los 56 años de edad, falleció, Fue canonizada en 1608 por el Papa Paulo V.
“Estaba gravemente enferma, y el 9 de marzo de 1440 su rostro empezó a brillar con una luz admirable. Entonces pronunció sus últimas palabras: «El ángel del Señor me manda que lo siga hacia las alturas». Luego quedó muerta, pero parecía alegremente dormida”.
Oración
Oh Dios, que nos diste en santa Francisca Romana modelo singular de vida matrimonial y monástica,
concédenos vivir en tu servicio con tal perseverancia,
que podamos descubrirte y seguirte en todas las circunstancias de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén
Carlos A. Ramírez B.


