Jesús mismo pidió a sus discípulos preparar cuidadosamente una sala grande para la Última Cena. Él no improvisó. Hubo una delicadeza previa, una sensibilidad litúrgica que hoy nosotros heredamos
Este pensamiento debe inundarnos de un profundo asombro y gratitud. Existe una “contemporaneidad” maravillosa entre aquel Triduo pascual y el transcurrir de todos los siglos. Toda la historia humana es destinataria de esta gracia