La eucaristía es la meta suprema de esa unidad. Por esta razón, debemos ser claros y prudentes: no es posible la concelebración eucarística con comunidades que no están en plena comunión visible con la Iglesia Católica
Debemos comprender que la misa es, inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa la Cruz y el banquete sagrado de la comunión. No hay dos sacrificios; el sacrificio de Cristo y el de la eucaristía son un único sacrificio
La Iglesia, nuestra madre, nos enseña que la comunidad de los fieles tiene el derecho inalienable a una celebración digna, sobre todo los domingos, el día del Señor
La eucaristía es el corazón de nuestra fe. El documento Redemptionis Sacramentum nos recuerda con claridad la santidad y la reverencia que debemos tener ante este misterio