Para el poeta, la vida es una obra de teatro en constante ejecución, mientras que, para la Madre Félix, esa obra era el Reino de Dios manifestado en la cultura y en la dignidad de la mujer
Un mundo donde el hombre parece haber perdido su centro, totalmente trastornado, dividido, como señala el Papa Francisco: “privado de un principio interior que genera unidad y armonía en su ser y en su obrar”