Y es así como en tres años y medio el sacerdote combinó su vida pastoral con la gerencia del diario, sin descuidar ninguno de los dos bandos, para salir airoso, con la frente en alto, con el respeto incólume
“En su ministerio amo a la Iglesia y se entregó por completo a ella, era un enamorado de la Palabra de Dios la cual se constituyó en principio y fundamento de su vida ministerial"
La misión también fue un tema central. En efecto, la “misionariedad”, invitación recurrente en textos y homilías, fue de la mano de la “sinodalidad”, otro término que resonó tantas veces en estos doce años