En la red se puede “acariciar o herir”, se puede entablar una discusión provechosa o ejecutar un linchamiento moral. Por ello, la comunicación digital debe estar impregnada de misericordia, esa proximidad que se hace cargo, consuela, acompaña y celebra
El Papa San Juan Pablo II ya lo advertía: “Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos psicológicos” (Redemptoris Missio, n.37)