La Dirección de Cultura del Estado Táchira (DCET), bajo la gestión de Pedro Fressel, titular de la DCET, celebró este 11 de febrero la tradicional Paradura del Niño en los espacios de la histórica Hacienda Paramillo.
Entre rezos del Padre Nuestro y el Ave María, el personal administrativo, obrero y contratado se unió en un emotivo recorrido por el salón de arqueología, llevando la imagen del Niño Jesús en procesión hasta el pesebre, manteniendo viva esta costumbre tan nuestra que marca la presentación del Niño ante los sacerdotes y el día de la Virgen de la Candelaria.
Durante el acto, el titular de cultura agradeció el esfuerzo del equipo por preservar nuestras raíces, destacando que el Niño Dios es la fortaleza y esperanza de nuestra fe, especialmente en manos de los hijos de los funcionarios que representan la pureza de San José y la Virgen.
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«Esta casona no deja de sorprendernos; pese a cualquier circunstancia, seguimos con el esfuerzo de hacer tradición y poner en manos de Dios nuestras necesidades y angustias», resaltó el director de cultura, subrayando la importancia de esta «carne hecha hombre» que alegra el espíritu institucional.
La música fue el alma de la jornada gracias a la Escuela de Música de Instrumentos Típicos del Táchira. Bajo la dirección de la profesora Maribel Ramírez, junto al profesor Pablo Mendoza y el joven Gabriel Pereira, los presentes disfrutaron de clásicos como «Niño Lindo», «Corre Caballito», «Niño Criollo» y el infaltable «Burrito Sabanero». Las cuerdas y voces nos transportaron a una época de devoción pura, reafirmando el compromiso de la DCET con el rescate de la identidad tachirense y el talento de nuestros músicos locales.
Para cerrar con broche de oro, José Gregorio Parra, jefe de División Cultural de la DCET, invitó a todos los asistentes a un compartir fraterno, destacando que desde el Museo del Táchira se busca que cada hogar rescate esa «riqueza espiritual» que nos invita a ser como niños. Parra aseguró que este año la agenda cultural seguirá cargada de actividades para que el pueblo tachirense se reencuentre con sus tradiciones más bonitas, reafirmando que la gestión cultural no se detiene en su labor de proteger nuestro patrimonio intangible.


