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Un camino de reconciliación y perdón en Proyecto Esperanza

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En el año 1999, en Chile, nació el Proyecto Esperanza, esto como respuesta ante la necesidad de una mujer u hombre de cómo llevar el dolor por la pérdida de un embarazo de forma voluntaria. No fue sino hasta el 2012, cuando dicho programa llegó a Venezuela para realizar una gran labor humanitaria de asistencia y compañía.

La coordinadora en el estado Táchira, Aracelis Domínguez, recordó que los miembros de la ciudad de Caracas llegaron a la región andina para dar las primeras enseñanzas a los miembros de la Pastoral Familiar Diocesana, con el fin que las personas en la entidad dieran una luz de esperanzas en sus caminos a los padres del bebé no nacido.

Para Domínguez el aborto es una de las experiencias más dramáticas que una persona puede vivir, ya que el mismo, hiere el alma de todos los que están involucrados en él. “No solamente destruye la vida del niño no nacido, sino que también deja un sendero de dolor y destrucción, de vidas, familias y relaciones quebrantadas”, dijo.

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En su opinión, la experiencia está acompañada del aislamiento y silencio, el duelo es bloqueado y el dolor pasa a ser enterrado, pero luego éste mismo busca salir a la luz mediante diversas formas, entre ellas, insomnio, tristeza, depresión, sensación de vacío, entre otros.

Es por ello, que nace dicho programa, el cual se convirtió en una red de acompañantes que se preocupa por las otras víctimas del aborto. “Nuestra meta es ayudar a aliviar su dolor, pues sólo desde allí se podrá alcanzar el perdón y la paz. Este proceso se logra con la ayuda de acompañantes capacitados, y a través de un enfoque de acogida, comprensión, confidencialidad y gratuita, que busca facilitar el encuentro de la madre y/o el padre con ese hijo que fue víctima de un aborto”, dijo.

Sostuvo que la mayoría de casos se deben a factores económicos. Luego que se logra la sanación, que es el trabajo principal, la madre tiene un encuentro con su hijo, muerto. El bebé se lo entrega a Dios, se le pone un nombre, y se la da sepultura de forma espiritual, que posteriormente es entregado al brazo de María.

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 Para formar parte de este grupo de acompañantes se inicia la preparación con un retiro “porque es eterna su misericordia”, al finalizar los que sientan el llamado para hacer este servicio, inician una capacitación para formarse como acompañante de la segunda víctima del aborto, porque la primera es el bebé, que está muerto.

 “Estamos invitando a las parroquias nos permitan una pequeña intervención en sus reuniones para invitar a los feligreses a formar parte de Proyecto Esperanza, en el mes de mayo es nuestro próximo retiro y es importante sumar más personas para poder atender más afectadas por el aborto que necesitan ayuda”, señaló.

 También piden un espacio en sus carteleras para colocar la información sobre el proyecto y así esta información pueda llegar a más personas.

Monumento

En el cementerio de Táriba, municipio Cárdenas, está el único monumento en Venezuela para poder enterrar los bebés abortados, o para que los padres dejen un símbolo que represente un bebe no nacido, para poder llevarle una flor y tengan así un lugar donde vivir parte de su duelo.

Este monumento existe en naciones como Eslovaquia, Polonia, Italia, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, México y Chile. 

Sí a la vida

  Desde el año 2016, miembros del programa hacen intervenciones a parejas o madres que desean abortar, a quienes luego de abordarlas les ofrecen ayuda y apoyo sin importar el motivo por el cual decidieron tomar la decisión de interrumpir el embarazo.

“Cuando reciben este apoyo desisten del aborto, y comienza un acompañamiento material, y espiritual en el embarazo, nacimiento y los primeros años de vida del bebé, hasta que la familia logra la independencia y la seguridad para seguir adelante sola”, precisó.

Esta intervención es realizada de la mano de un equipo de ginecólogos y obstetras, que brindan sus servicios de forma gratuita como una contribución a la Iglesia. También, las mujeres que dicen sí a la vida, reciben una ayuda espiritual por parte de un sacerdote.

“Desde Barquisimeto, grupos penitenciales hacen oración de intersección y claman a Dios para que el Espíritu Santo guíe las palabras que sanan  el corazón de estas personas a través de los servidores  de Proyecto Esperanza”, añadió.

Hasta la fecha son más de 30 nacimientos los contabilizados gracias a la labor del programa.

Ayudas

Domínguez comentó que el proyecto brinda una asistencia a aquellas madres que no tienen los recursos a la hora del parto. A las gestantes se les brinda consultas gratuitas, vitaminas y una canastilla para los primeros días, y algunos medicamentos según sea el caso.

“Para poder cumplir esta misión nos apoyan voluntarios que nos ayudan a arreglar el depósito, lavar la ropa, esterilizar los artículos de las canastillas, planchar la ropa del bebé. También contamos con algunas costureras que elaboran las cobijas y algunas prendas. Tenemos motorizados que llevan medicinas y mercados, médicos que brindan las consultas y nos avisan en un posible caso de aborto”, acotó.

Detalló que no todo es bonito, pues hay momentos donde se sienten acabadas y destruidas, pues perciben que no están haciendo las cosas como Dios las mandó, sin embargo, “Dios nos brinda consuelo, y nos dice, hija este no era el momento no era así como se quería”.

Donación

La coordinadora del programa acotó que quienes quieran realizar algún donativo pueden acercarse a la parroquia Nuestra Señora de Coromoto, en el sector de Barrio Obrero e Iglesia San José en el centro de la ciudad de San Cristóbal.

Los insumos más necesitados para cesáreas son, agua oxigenada, guantes 6 ½, guantes número 7, guantes 7 ½, cánula de yeal kawer, Cifarcaina Hyperberal al 5%, compresas, suturas prolene cortante num 3-0, suturas prolene cortante num 2-0, aguja raquídea, número 25.

Para las canastillas, cobijas, pañales recién nacidos, pañales de tela, jabón de bebe, ropita de recién nacidos, algún juguete para los primeros meses en perfecto estado.  Para mujeres embarazadas, ácido fólico, hierro y calcio.

Concluyó diciendo que Proyecto Esperanza es una obra de amor, en la cual se trabaja viéndole los ojos a la Virgen María.

“Ella es nuestra inspiración, pues intentamos dar amor, y servir como lo hizo ella”, destacó.

 Maryerlin Villanueva 

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