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viernes, julio 10, 2026
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Un discípulo misionero en la acción política (I Parte)

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Aparecida habla claro de la importancia del laicado en la misión transformadora, desde la opción del Evangelio en la realidad de la acción política; pues es la mediación más importante para cambiar las estructuras injustas y establecer un orden social justo y solidario. El gran ideal de la Iglesia en la comunidad política, es que se respete la dignidad de las personas y se defienda el principio del Bien Común, para ello, a mi criterio es necesario una formación con identidad de ser discípulo misionero.

Al respecto, el documento de Aparecida en el nº283 refiere: «Destacamos que la formación de los laicos debe contribuir a una actuación como discípulo misionero en el mundo, en la perspectiva del diálogo y de la transformación de la sociedad. Es urgente una formación específica para que puedan tener una incidencia significativa en los diferentes campos, sobre todo en el vasto mundo de la política».

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Ante esta exhortación ¿Qué es un discípulo misionero? El punto de partida para comprender esta concepción es la parroquia, que debe convertirse en un foco importante para crearla, pues es allí donde aprendemos que es importante escuchar como discípulo y actuar como misionero, siendo las dos realidades simultáneas en el proceso de formación y crecimiento. Por esto, presento algunas características de cómo se da este proceso.

Encuentro

Para iniciar a comprender esta noción de discípulo misionero, debemos imitar a Jesús y detenernos en la subjetividad del pueblo, el cual no debe mirarse como objeto sino como sujeto. El objetivo es formar una autoconsciencia popular. El papa Francisco en Evangelii Gaudium (EG) nº 111, lo presenta como la primera preocupación y nos enseña su método, siempre partiendo del sujeto, y este sujeto es el pueblo.

           El discípulo misionero luego de un encuentro personal con Jesucristo y el anuncio del kerigma, confirma la fe e inicia su experiencia de comunidad. Contemporáneamente, propone su experiencia a la comunidad cristiana, por eso ya no se dice que es  discípulo y misionero, sino que es siempre discípulo misionero, sin separación (EG 119), quienes no siguen a una ideología, sino a una persona.

           Es bueno recordar que uno no se forma como discípulo misionero por sí mismo. La iniciativa es del Espíritu quien en la mayoría de los casos educa al discípulo misionero insertándolo en la comunidad. La parroquia, la universidad, el trabajo o la experiencia sacramental de fe, son el lugar de encuentro donde se desarrolla esa comunidad discípulo misionero cercana y junto a la gente (Cfr. Aparecida 246-275). Por tanto, como dice Scannone en su obra la teología del pueblo, esto se da «cuando se trata de la mística popular no como individual, sino como comunitaria, sin dejar de ser personalísima» Scanonce.

Fe

En un principio existía la conexión entre la fe y el ambiente, donde todo un pueblo podría llegar a bautizarse y convertirse en cristiano, como sucedía en el medioevo, era la prevalencia del pueblo sobre el individuo.

Hoy el mundo moderno vive más la subjetividad del sujeto, vivimos un catolicismo de supermercado, donde se pierde el carácter comunitario de la fe, una especie de filosofía fenomenológica, donde se ve en la Iglesia lo que quiero buscar, respecto a esto, no podemos decir que exista una Iglesia discípulo misionero. El misionero está hecho para formar comunidad. En Venezuela se presenta una dificultad, nos encontramos que la Clase Dirigente ha dejado de sentirse Pueblo, no han podido conectarse con la subjetividad del pueblo.

Comunidad de amistad. El papa Francisco insiste en que el primer paso para ser discípulo misionero es nacer y vivir en una comunidad ¿Qué cosa es la comunidad discípula misionera? Podría decirse que es un ambiente donde un grupo de personas se relacionan y se comunican la fe. Entrar en relación y buscar saber que piensa y siente el otro, esto lleva a una amistad.

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Pero se necesita ir más allá, se necesita de la presencia de Jesús en la Eucaristía para que se produzca la transformación ontológica de la persona, ya que solo Cristo puede lograrlo. El discípulo misionero contribuye a la manifestación en la vida de esta ontología nueva.

Vivir la formación de la fe significa asumir esta pertenencia a la Iglesia como realidad concreta. La comunidad discípula misionera entra en el ambiente y se convierte en elemento de atracción. El ambiente determina la prospectiva formativa del individuo en la vida familiar, social y política. De allí, que el método del discípulo misionero es partir de la propia experiencia y luego presentar la propuesta cristiana desde lo que ha experimentado, por ello, cuán importante es la experiencia con Jesucristo y la comunidad, de allí nace todo. El portador de la novedad no es el discípulo misionero, sino Cristo por medio de Él. (En el próximo artículo finalizará este tema en su II Parte)

Pbro. Jhonny Zambrano

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